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Mislecturas: El ensayista, cuentista, poeta y pintor Guy Davenport ha publicado recientemente en Mexico el libro Objetos sobre una mesa, una reflexion estetica sobre la representacion de objetos en literatura y pintura. El presente es un paseo autobiografico por su iniciacion at placer de la lectura.

Publication: Letras Libres
Publication Date: 01-JAN-03
Format: Online - approximately 4779 words
Delivery: Immediate Online Access

Article Excerpt
AMI TÍA MAE--MARY ELIZABETH DAVENPORT MORROW (1881-1964), cuyo diario, cuando lo vi después de su muerte, resultó ser una lista de lugares, con fechas, que ella y el tio Buzzie (Julius Allen Morrow, 1885-1970) habían visitado a lo largo de los años, sin conducir nunca a más de treinta millas por hora, lugares como Toccoa Falls, Georgia, y Antreville, Carolina del Sur, así como oraciones dispuestas al azar a tráves de la página, dos de las cuales encaraban la indiferencia con determinación: "Mi padre era un doctor de caballos, pero no cualquier doctor de caballoso y "Nadie me ha querido nunca tanto como yo a ellos"--y a la señora Cora Shiflett, una vecina de East Franklin Street, Anderson, Carolina del Sur, les debo mi amor por la lectura.

La señora Shiflett, parte del extenso clan que lleva ese nombre, quienes conservan hasta el día de hoy la mentalidad de labriego de los Scots Lowlands de los cuales descienden, una mezcla de rapacidad y desesperanza (Faulkner los llamaba Snopes), había rentado una casa enfrente de la nuestra que anteriormente estuvo ocupada, hasta donde me alcanza la memoria, por otra viuda, la señora Spoone ("con una e"); ella y su hijo, al que nunca vimos, porque estaba purgando una condena "en el bote". Pero antes de que el hijo de la señora Shiflett, "un muchacho que siempre fue muy bueno con su madre", cayera en alguna trampa legal, había sido un gran lector. Y un día predestinado la senora Shiflett, que usaba un bonete y un delantal para autenticar su respetable condición de buena señora del campo, trajo consigo, en una de sus muchas visitas para "hacer migas" con mi madre, un volumen de la serie de Tarzán, uno en el cual Tarzán se salva de morir de sed en el Sahara abriéndole la cabeza a un buitre y bebiendo su sangre. Me lo prestó. "Éste en especial es uno de los libros que más le gustaba a Clyde."

No tengo una memoria ordenada, pero sé que este libro de Edgar Rice Burroughs fue el primero que leí. Cuando niño se pensaba que yo era retardado, y todos los indicios llevaban a pensar que así era. No tengo recuerdos del primer anó de pri-maria, en el cual no fui admitido hasta los siete anós, excepto que mojaba mis pantalones y tenía que ser enviado a casa cada vez que nuestra desdichada maestra me lo pedía. Incluso he olvidado su aspecto y su nombre, y la llamo desdichada porque había un compañero, ahora un psiquiatra, que se desmayaba cuando lo llamaban, y otro al que le daba el patatús. Aprendí a controlar mi vejiga hacia el tercer ano, pero el alumno que se desmayaba y al que le daba el soponcio, que fueron mis compañeros de clase hasta el tercer año de secundaria, cuando dejé la escuela, no dejaron de perturbar a los maestros hasta el día de la graduación.

Ningún maestro de primaria o secundaria ni siquiera aludió por acaso que la lectura fuera una actividad normal, y yo tuve que aceptar, como lo hizo mi familia, que ésta era parte de mi aflicción como retardado. La tarde de invierno en que descubrí que podía seguir a Tarzán y a Simba y a unos malvados árabes traficantes de esclavos fue la primera sesión en una silla con un libro de una serie que ha durado, hasta ahora, cincuenta años. Leo muy despacio, y no leo demasiado, ya que prefiero pasar mi tiempo libre pintando y dibujando, o escribiendo, y no dispongo de tanto tiempo libre. Y como maestro de literatura suelo leer los mismos libros una y otra vez, año tras año, para tenerlos frescos en la mente, para las clases.

De Tarzán, que no leí como debe ser (el vocabulario de Burroughs tiende a lo exótico), pasé a libros accesibles. Mi padre tenía una pequeña biblioteca de unos cien volúmenes, de donde tomé unos Collected Writings of Victor Hugo, que tenía una misteriosa inscripción de puño y letra de mi padre: "G.M. Davenport, Apr. 24, 1934, Havanna, Cuba", donde estoy seguro en un ciento por ciento que mi padre nunca puso un pie. Debajo de esta inscripción, el (u otra persona) había dibujado un cubo, con tinta que se filtró hasta aparecer en la otra superficie de...

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