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Article Excerpt Para la Ze, que al[f estaba
C'était un temps déraisonnable, On avait mis les morts à table, On faisait des chateaux de sable, On prenait les loups pour des chiens. --LOUIS ARAGON
EN PRIMER LUGAR LE DIRIA QUE DE LA NUEVA CASA LE GUSTABAN sobre todo las vistas a Unter den Linden, porque eso le hacia sentirse aún como en casa. Es decir, era una casa que le hacia sentirse como en casa, como cuando su vida tenía sentido. Y que le gustaba haber escogido la Karl Liebknechtsrasse, porque ése también era un nombre que tenía sentido. O que lo había tenido. ¿Lo había tenido? Claro que lo había tenido, sobre todo la Gran Estructura. El tranvía se detuvo y abrió sus puertas. La gente entró. Esperó a que se cerraran. Vete, vete, prefiero ir andando, así me doy un sano paseo, hace un día demasiado bueno para desaprovechar la ocasión. El semáforo estaba en rojo. Se reflejó en el cristal de la puerta cerrada, aunque una tira de goma lo dividiera en dos. Estás bien así, partido en dos, querido mío, siempre partido en dos, una mitad aqui y otra allí, es la vida, así es la vida. No estaba mal, no: era un apuesto hombre entrado en años, el pelo blanco, una chaqueta elegante, mocasines italianos comprados en el centro, el aire de bienestar de una persona de posibles: las ventajas del capitalismo.
Canturreó: tout est affaire de décor, changer de lit, changer de corps. De eso sí que entendia, se había pasado la vida haciéndolo. El tranvía arrancó. Se despidió con la mano, como si dentro hubiera una persona a la que dijera adiós. ¿ Quién era esa persona que iba en tranvía al Pergamon? Se dio un cachete afectuoso. Pero bueno, si eres tú, querido m/o, precisamente tú, et à quoi bon, puisque c'est encore moi qui moi-même me trabis. Canturreó el final de la estrofa con voz profunda y ligeramente dramática, como lo hacía Léo Ferré.
El chico de la motocicleta de Pizza Hut que esperaba a que se pusiera verde lo miró con estupor: un anciano señor elegante que canta como un pinzón en una parada de tranvía, cómico, ¿no? Venga, jovenzuelo, que ya se ha puesto verde, dijo con la mano invitándolo a marcharse, lleva tu repugnante pizza a su destino. Circulen, circulen, no hay nada que ver, soy sólo un anciano señor que canturrea las poesías de Aragon, fiel compañero de los buenos tiempos ya idos, él también se ha ido, nos vamos todos, antes o después, y también su Elsa tiene los ojos opacos, buenas noches, ojos de Elsa. Miró el tranvía que giraba hacia la Friedrichstrasse y dijo adiós a los ojos de Elsa.
El taxista lo miró desconcertado. A ver, ¿sube usted o no sube? Se disculpó: mire, es un equívoco, estaba despidiéndome de una persona, el gesto no era para usted. El taxista sacudió la cabeza en señal de desaprobación. Debía de ser turco. Esta ciudad está llena de turcos, de turcos y gitanos, nos han tocado a nosotros todos esos vagabundos, ¿y para qué?, para mendigar, eso es, para mendigar, pobre Alemania. Pues no protesta encima, este emigrante, qué cara más dura. Ya le he dicho que se ha equivocado, replicó con una voz que se iba alterando, es usted quien lo ha entendido mal, me estaba despidiendo de una persona. Sólo le he preguntado si necesitaba algo, explicó el chico en un mal alemán, perdone, señor, ¿necesita algo? ¿Qué si necesito algo? No, gracias, contestó secamente, gracias, estoy perfectamente, jovenzuelo. El taxi arrancó.
¿Estás bien?, se preguntó. Claro que estaba bien, era un magnífico día de verano, como raramente se dan en Berlín, si acaso hacia algo de calor. Eso es, hacía algo de calor para su gusto, y con el calor la tensión tiende a subir. Nada de platos salados y nada de esfuerzos, había sentenciado el médico, su tensión ha alcanzado el nivel de alarma, pero probablemente sea a causa de la ansiedad, è hay algo que le preocupa, consigue descansar, duerme bien, sufre de insomnio? Qué preguntas. Pues claro que dormía bien, ¿por qué habría de dormir mal un viejo señor tranquilo, con una buena cuenta corriente, un magnífico apartamento en el centro, una casita de vacaciones en el Wannsee, un hijo abogado en Hamburgo y una hija casada con el dueño de una cadena de supermercados?, ¿a usted...
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