|
Article Excerpt [ILUSTRACIÓN OMITIR]
El 30 de noviembre de 1971 Octavio Paz le escribió una carta a Tomás Segovia comentando un artículo que recién había leído en The New York Times sobre el enfrentamiento entre el gobierno y los grupos guerrilleros en México. Durante los primeros meses del gobierno de Echeverría, la así llamada "apertura democrática" fue puesta a prueba por grupos que consideraban la resistencia armada como la respuesta más adecuada a la represión gubernamental tras 1968. En este mismo período grupos parecidos comenzaron a surgir en toda América Latina, sobre todo en Argentina, en Uruguay y en los sectores radicales del gobierno de Unidad Popular en Chile. La carta de Paz a Segovia nos ayudan a entender su pensamiento político en aquel tiempo.
Después de preguntarse quién sería la persona idónea para escribir un artículo en torno a esa violencia --y sin que se le ocurra aún nombre alguno--, Paz esbozaba las líneas generales de dicho texto. Vale la pena analizar con detalle este párrafo revelador. Paz escribía que, en aquel momento, la situación política en México no estaba centrada en la democratización sino en la confrontación física. Los diversos grupos no hablaban entre sí; intercambiaban golpes. Paz sentía que la "ideología" de los grupos guerrilleros era una de las causas de la intensificación de la violencia. Para él, tal como lo sostuvo en Posdata, las ideas que sostenían la guerra de guerrillas eran falsas e inoperantes, como lo había demostrado con cruel minuciosidad la historia reciente de América Latina. En términos de táctica, le sorprendía que los grupos guerrilleros en México aún se aferraran a una ideología que rechazaba la acción política legal al tiempo que la tendencia en el resto del subcontinente era trabajar por el cambio a través de instituciones democráticas, como podía verse en Uruguay y Chile. Incluso Fidel Castro, en su reciente visita a Chile, parecía admitir que el camino chileno al socialismo era viable. Sin embargo, en México, según Paz, era el gobierno el que debía asumir la mayor responsabilidad por la violencia: era el gobierno el que apresaba gente por razones políticas y negaba la existencia de prisioneros políticos, mientras que simultáneamente trataba de apaciguar la actividad guerrillera recurriendo a la violencia. Paz lamentaba el uso exclusivo de la acción violenta, ya que --aun cuando pudiera tener cierto éxito aparente en el corto plazo-- nunca sería efectivo a menos que contara con el apoyo popular, o a menos que el orden predominante estuviese a punto de colapsar internamente, como fue el caso en la Cuba de Batista. Para Paz, ninguna de estas opciones se vislumbraba en el horizonte mexicano. Así las cosas, temía que la "primavera política mexicana", que diera inicio un año antes, estuviera a punto de terminar. Las puertas podrían estar abiertas para un golpe militar o, al menos, para una mayor influencia militar sobre el gobierno. La alternativa, para él, estaba clara: o la "violencia" o la "democratización". ¿Y entonces, pregunta a Segovia, quién podría escribir este artículo? La respuesta era, por supuesto, Paz mismo.
Paz abordó el tema de la violencia política en una serie de artículos publicada en Plural a lo largo de junio y julio de 1973 y agosto de 1974. Sin duda, después de Tlatelolco y Posdata, escribió cada vez más sobre asuntos políticos contemporáneos, y Plural le ofreció un foro para esas deliberaciones. Más adelante, Paz reuniría la mayor parte de esos ensayos en El ogro filantrópico, publicado en 1978. Podemos dividir los intereses de Paz en cuatro temas principales: la relación entre el escritor y el Estado --ese "ogro filantrópico", como definiría al Estado en un célebre artículo publicado en Vuelta en agosto de 1978--; una preocupación más amplia sobre el desarrollo y el legado de la Revolución mexicana; comentarios sobre los acontecimientos internacionales más relevantes de la época, como el golpe de Estado en Chile; y un interés permanente por exponer la naturaleza de las violaciones a los derechos humanos en la Unión Soviética, en particular en el gulag.
La nueva presidencia de Echeverría, al parecer, presentaba rasgos del ogro y también del filántropo. El ogro podía aparecer bajo distintas formas, de entre las cuales la más brutal y también la más simbólica fue la matanza de Jueves de Corpus (1971); había aquí una repetición de Tlatelolco, y se trataba del mismo ogro, aunque vestido esta vez con guayaberas y hablando de alianzas en el Tercer Mundo. Y la filantropía también estaba ahí, en exceso: Echeverría se mostró generoso al dotar de dinero a diferentes proyectos culturales y educativos; se rodeó de jóvenes universitarios tecnócratas --que llegaron a ser conocidos como la "efebocracia"-- y se ocupó en la promoción de diversas iniciativas en las esferas intelectual y cultural. Durante su régimen se liberó a varios prisioneros políticos que estaban todavía encarcelados tras la represión de Tlatelolco. Echeverría abarcó también la escena internacional pretendiendo que México se convirtiera en líder de los debates en el Tercer Mundo y reestableció relaciones diplomáticas con Cuba pese a la fuerte oposición de Estados Unidos. Pero más allá de estas demostraciones patentes de una nueva política y de un nuevo estilo, para muchos el presidente parecía ser un genuino luchador que buscaba enfrentarse a los abusos del sistema y articular una política exterior independiente.
El debate sobre el nuevo presidente y sobre la responsabilidad de los escritores se convirtió en un tema central desde los primeros ejemplares de Plural. Hacia mediados de 1972, dos de las figuras intelectuales más respetadas de México, Fernando Benítez y Carlos Fuentes, dieron su apoyo incondicional a Echeverría. En un libro de comentario político, Tiempo mexicano, publicado en 1971, Fuentes afirmó que Echeverría estaba adoptando, en apariencia, políticas más progresistas que las de su predecesor y expresó su temor de que México pudiera ser sometido a una dictadura "fascista". Poco después Fuentes declararía que dejar a Echeverría aislado sería un "crimen histórico". Esta frase, pronunciada ante un periodista neoyorquino en el momento en que Echeverría visitaba Estados Unidos (y sorprendía a varios liberales estadounidenses en una reunión que sostuvo con intelectuales durante su viaje), ocasionó un gran alboroto, como lo señaló una breve nota en Plural (núm. 10, julio de 1972). La nota, evidentemente escrita por Paz, sostenía que el tema era demasiado importante como para tratarlo de forma apresurada y señalaba que Fuentes pronto aclararía su posición en uno o más artículos a ser publicados en Plural. El columnista mantenía que a Plural le enorgullecía dar cabida a un foro abierto de intercambio de ideas (p. 39).
Efectivamente, un mes más tarde Fuentes justificó su posición en un artículo extenso y de primer orden en Plural, bajo el título "Opciones críticas en el verano de nuestro descontento". Allí intentó aclarar su postura: "Dejar aislado al actual Presidente de la República significa, para mí, abstenerse de una participación crítica en nuestra vida pública" (p. 3). Fuentes comienza esbozando una imagen panorámica de la crisis del desarrollo capitalista en México y del costo social inaceptable que es la pobreza y la ausencia de redistribución de ingresos. Sostiene que debe hallarse una suerte de solución socialista a medio camino entre el complejo industrialmilitar de...
|