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...cuyas familias viven exclusivamente la agricultura, con aquellas cuya reproducción social depende de actividades no agrarias o que practican lo que se conoce como pluriactividad. Respecto a la situación sucesoria, hemos comprobado que el fenómeno estudiado aquí no altera los mecanismos tradicionales de sucesión y herencia en la explotación familiar. Las explotaciones más amenazadas son las que tienen los ingresos más bajos, cualquiera sea su condición en materia de pluriactividad; esta condición, por otra parte, no corresponde necesariamente a las explotaciones económicamente más débiles.
I
Introducción
Las ciencias sociales brasileñas han experimentado una importante renovación temática en el transcurso del último decenio. Nuevos temas han sido incorporados a una agenda de investigación que emerge, sobre todo, de las demandas de la sociedad y de la presión que sobre el Estado ejercen los grupos sociales organizados, tanto los que vertebran los intereses agrarios y rurales (organizaciones profesionales, sindicatos, cooperativas y otros) como los que actúan en los espacios urbanos (consumidores, ecologistas y otros). En un esfuerzo de síntesis, y para ilustrar el hilo argumental de este trabajo, cabe establecer tres grandes ejes temáticos que conforman la nueva agenda investigadora en el campo de los estudios agrarios y rurales: i) la consolidación de la agricultura familiar como categoría de análisis y objeto de atención de las políticas públicas; ii) la incorporación del principio de sustentabilidad (debido a la influencia que ejercen organizaciones brasileñas e internacionales altamente sensibles a los problemas ambientales y sociales provocados por los modelos de agricultura intensiva), y iii) los estudios sobre la nueva ruralidad, donde se reconocen las nuevas dinámicas observadas en el campo brasileño en lo relativo a la ocupación laboral de la población residente en esas zonas (pluriactividad, empleo rural no agrícola, prestación de servicios) que configuran una estructura social compleja y heterogénea en la que, además de los agricultores, emergen nuevos actores sociales que dependen cada vez más de actividades e ingresos que poco o nada tienen que ver con la agricultura.
Es precisamente en el ámbito de ese tercer eje temático donde se sitúa este trabajo, cuyo objetivo es analizar la incidencia y características que la pluriactividad asume en la región brasileña de Rio Grande do Sul, el estado más meridional de Brasil, que alberga uno de los más importantes sectores de la agricultura familiar brasileña. (1) En primer lugar, se pasa revista a la trayectoria del concepto de pluriactividad y se expone el marco metodológico de la investigación empírica que sirve de base a este trabajo. En segundo lugar, se presentan y analizan los datos acerca de las formas en que se expresa la pluriactividad en el mundo rural brasileño, mostrando una tendencia que apunta hacia la creciente pérdida de identidad entre familia y explotación. Esa tendencia hace emerger en Brasil un escenario completamente distinto al que ha sido habitual cuando se piensa en el mundo rural desde el punto de vista académico o desde el ámbito de las políticas públicas.
II
De la agricultura a tiempo parcial a la pluriactividad
Una de las premisas de este artículo es la de que tanto la agricultura a tiempo parcial como la pluriactividad son fenómenos asociados fundamentalmente a la agricultura familiar, habiendo formado parte de las estrategias de supervivencia adoptadas por los pequeños agricultores y campesinos para garantizar la reproducción social de sus familias. Tales estrategias se han desarrollado mediante la combinación de diversas actividades (agrícolas y no agrícolas) realizadas dentro o fuera de las propias explotaciones.
Aunque ambos conceptos se refieren a realidades empíricas bastante similares, reflejan no solo diferencias en su alcance y significado, sino también momentos históricos distintos en la indagación sociológica sobre el desarrollo de la agricultura y el campesinado y en las valoraciones que los sociólogos y economistas agrarios han hecho acerca de la naturaleza y funcionalidad de este proceso. (2) En lo que se refiere al fenómeno de la agricultura a tiempo parcial, ha sido frecuente destacar su nexo con el proceso de industrialización, a medida que amplios sectores del campesinado se incorporaban parcialmente al sector industrial y de servicios, trabajando alternativamente ora en su pequeña explotación, ora como asalariados en factorías industriales o empresas de servicios de su comarca. En todos los idiomas hay palabras para designar a esta figura ya clásica del paisaje social agrario (campesino obrero, worker peasant, ouvrier-paysan, arbeiterbauer, operai-contadini, camponês-operário, etc.), refiriéndose con ellas al creciente grado de unificación de los mercados de trabajo urbano y rural (Etxezarreta, Cruz y otros, 1995, p. 78). Aunque existía, y sigue existiendo, alguna controversia respecto a los criterios de definición del concepto de agricultura de tiempo parcial, lo cierto es que, hasta finales de los años 1970 y principios de los 1980, la mayor parte de los estudios coincidían en considerado como un fenómeno de transición (Kolankiewicz, 1979, p. 67) que anunciaba ya la desaparición definitiva de las pequeñas explotaciones campesinas en la agricultura moderna. Se admitía además que era una manifestación palpable del proceso de éxodo rural y una de las estrategias de supervivencia utilizadas por las familias campesinas con explotaciones poco modernizadas (Naredo, 1996, pp. 180-182; Arualte, 1980, p. 222).
La utilización del término "pluriactividad" para identificar un fenómeno de naturaleza similar al de la agricultura de tiempo parcial no solo reflejaba ciertos cambios de perspectiva en los debates sobre el desarrollo agrario y el papel de la agricultura familiar, sino que significaba también un drástico cambio de actitud del mundo académico y político respecto a este tema. Al comienzo de los años 1980 se estaba realmente pasando en los países desarrollados, y muy especialmente en la Unión Europea, del paradigma de la modernización productivista, que había guiado el pensamiento agrario y rural desde los años 1960, a otro (más tarde denominado paradigma de la multifuncionalidad) en el que se introducían nuevos criterios para valorar los espacios rurales, redefinir la función y el estatus de la agricultura en ellos y orientar las nuevas políticas agrarias; tales criterios destacaban la importancia de la actividad agrícola y ganadera para el equilibrio territorial y el dinamismo de las zonas rurales, así como para la preservación de los recursos naturales (Hervieu, 1996; Moyano, 1997). Estos cambios se reflejaban en el ámbito académico (Fuller, 1984 y 1990) y en importantes documentos de la propia Comisión Europea, como el Libro verde sobre las perspectivas de la política agrícola común o El futuro del mundo rural (Comisión Europea, 1985 y 1988). En ese contexto de cambio, se producirá una profunda revisión del tratamiento recibido hasta entonces por la agricultura de tiempo parcial, reflejando el nuevo término de "pluriactividad" dicho giro intelectual y político. Desde entonces, no solo se reconocerá como un hecho indudable de la agricultura europea la diversificación de actividades e ingresos (dentro y fuera de la propia explotación) por parte de los agricultores, sino que pasará a ser admitido ese fenómeno como un factor positivo para el desarrollo de las zonas rurales, reflejándose en la Iniciativa Leader de la Unión Europea y más recientemente en el nuevo reglamento rural que establece un instrumento único de financiación de la política de desarrollo rural de la Unión Europea, el Fondo Europeo Agrícola para el Desarrollo Rural (FEADER).
Desde la perspectiva analítica, el cambio conceptual fue igualmente importante en la transición entre la noción de agricultura a tiempo parcial y la de pluriactividad. Los estudios sobre la primera, desarrollados especialmente en los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), contabilizaban la condición sociolaboral del titular de la finca según el tiempo que dedicaba a las labores agrarias en su propia explotación. Con este criterio se confrontaba explotaciones de tiempo completo y de tiempo parcial, sin considerar la actividad laboral de los demás miembros de la familia. Cabe subrayar que la percepción negativa de la agricultura de tiempo parcial atravesó incluso el mundo sindical y político en la época dorada de la modernización productivista, como lo prueba la animadversión que hacia ella nutrían las organizaciones sindicales de mayor influencia en la Comunidad Económica Europea (CEE) y la escasa atención que se le dedicaba en las instituciones donde se debatían las orientaciones de la política agraria europea.
La emergencia de la pluriactividad coincide con el abandono del criterio "tiempo de trabajo" para encuadrar las explotaciones. (3) Por otra parte, como advierten Etxezarreta, Cruz y otros (1995, p. 416), dicho fenómeno no se basa únicamente en las actividades del titular de la explotación, sino que engloba a todos los miembros de la familia. Ya no se trata de contabilizar tan solo empleos estables y regulares, sino toda suerte de actividades laborales con el objeto de asegurar una remuneración por ellas. Mientras hasta comienzos de los años 1980 se condenaba el trabajo agrícola de tiempo parcial, en las décadas subsiguientes, bajo la crisis de los excedentes agrarios, la pluriactividad es fomentada a través del incentivo a la figura del agricultor-empresario que lleva a cabo la diversificación de las fuentes (agrarias y no agrarias) de ingreso económico.
No obstante, la mayor parte de los esfuerzos académicos por analizar dicho fenómeno se produjo en los países desarrollados. Aunque hubo algunos estudios pioneros en África y América Latina --como los de Christodoulou (1982) y Okafor (1982), citados en Cavazzani y Fuller (1982)--, pocas investigaciones enfocaron esta cuestión desde el prisma de los países en desarrollo.
La búsqueda de trabajo fuera del predio era vista como señal indiscutible de la precariedad...
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