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Estados Unidos a examen: David Rieffs vs. Leon Wieseltier.

Publication: Letras Libres
Publication Date: 01-MAR-08
Format: Online
Delivery: Immediate Online Access

Article Excerpt
En el marco del Fórum de las Culturas, realizado en Monterrey el año pasado, Letras Libres y Foreign Policy organizaron una serie de debates sobre los grandes temas de nuestro tiempo. Uno de los más apasionantes fue el dedicado a Estados Unidos y su posible decadencia. Los signos del declive existen y se multiplican, pero es probable que el epitafio de esta nación como superpotencia se baya escrito precipitadamente. Si bien es cierto que aventuras irreflexivas en el extranjero y una tendencia bacia la acción unilateral ban aislado a Estados Unidos y limitado sus iniciativas estratégicas, también es verdad que la naturaleza dinámica de sus instituciones económicas y políticas le permiten reinventarse continuamente para permanecer en la cima de la influencia global. ¿Será verdad que la superpotencia se está quedando sin combustible? ¿Cuál es su futuro como actor protagónico en el escenario internacional ante el desafío económico de China? ¿Qué pasa con la alta cultura y su diálogo con la cultura popular? ¿Dónde residen las causas del malestar cultural? David Rieff y Leon Wieseltier debatieron, moderados por Enrique Krauze, sobre estas y otras preguntas en un memorable encuentro.

Enrique Krauze: La primera pregunta es sobre el papel que desempeña Estados Unidos más allá de sus fronteras. ¿La tarea de la política estadounidense es mejorar el mundo y exportar la democracia, o proteger sus propios intereses? ¿Puede exportarse la democracia?, ¿con o sin el uso de la fuerza?

David Rieff: No creo que ningún país, y sin duda ningún país poderoso, actúe por un único motivo: ni por la construcción de la democracia, ni tampoco por interés propio. A menos que seamos Noam Chomsky, es importante desechar desde una edad temprana la fábula de que las personas en el poder hacen cosas malas intencionalmente. Es probable que existan casos excepcionales en los que esto sea cierto, pero la mayor parte de la gente que trabaja en la mayoría de los gobiernos se imagina --ya sea correcta o incorrectamente-- que está haciendo lo que es debido. Así, las acciones de los gobiernos son siempre una suerte de mezcla de valores e intereses. Históricamente, en el caso de Estados Unidos, el país ha tenido, como cualquier otro país, fantasías sobre sí mismo. Una de estas es la de ser un lugar excepcional cuyo trabajo consiste en exportar la democracia a otras zonas del mundo. Pero incluso en el caso de Estados Unidos esta fantasía tiene otra que se le opone: la fantasía aislacionista, por llamarla de alguna manera; la idea de que Estados Unidos podría vivir separado del resto del mundo. Creo que entre menos hablemos en términos de oposiciones, todo saldrá mejor. No obstante, hay que admitir que esta administración, la administración Bush, tuvo la idea de exportar la democracia a Medio Oriente como una especie de solución a un problema, esto es, al problema del Medio Oriente mismo, para el que posiblemente no existe solución. La consecuencia es que se metieron en el lío 'en el que están hoy.

Leon Wieseltier: Creo que David tiene razón. Se puede concebir la mayor parte de la política exterior de Estados Unidos, y quizá la de otros países, como una mezcla de valores e intereses. Es obvio que puede haber valores falsos y falsos intereses, la gente puede maquillar valores e intereses, pero idealmente uno quisiera que en conjunto tuvieran cierta sustancia. Hay ocasiones en que Estados Unidos actúa de manera brutal en nombre de lo que es evidentemente puro interés. Hay otros casos --y son muy escasos, y muy controvertidos-- en los que ha optado por usar su poder únicamente en nombre de sus valores, ahí donde no existen intereses manifiestos. Si la administración Clinton hubiera hecho lo correcto y hubiera detenido el genocidio en Ruanda, eso habría sido un ejemplo de Estados Unidos actuando sólo por valores y no por cualquier estrategia relevante o por interés económico. La pregunta sobre la democracia es claramente una pregunta muy complicada. Si la pregunta es: ¿debe ser la democratización una meta de la política exterior estadounidense?, yo diría que sí, sin duda alguna. Pero ese es el principio de la discusión, y no el final. La pregunta se convierte entonces en: ¿cómo democratizar a otros países? Una respuesta posible es, claro, por la fuerza. La guerra en Iraq está demostrando que esa respuesta podría ser estúpida. Otra respuesta es: con el ejemplo. Lo que equivale a decir: no hay que hacer nada excepto ser la sociedad democrática más fascinante e inspiradora de todo el mundo y lograr que otras personas quieran imitarla. Y finalmente está el punto medio, que a mi parecer consiste en lo que Estados Unidos hizo con gran eficacia en Europa del Este y en la Unión Soviética durante la Guerra Fría: proporcionar todo tipo de apoyo concebible e incluso provocador a los genuinos elementos democratizadores de una sociedad oprimida, sin recurrir al despliegue de la fuerza estadounidense. Una de las cosas que la guerra en Iraq ha demostrado es que resulta muy importante, al hablar de democratización, saber con toda claridad de qué estamos hablando. La democratización es, por definición, una política desestabilizadora. Pues, en esencia, de lo que se trata es de entrar en una cultura política no democrática o antidemocrática y destituirla, dejando tras su muerte un montón de despojos y un montón de anhelos por algo mejor. Una política de desestabilización es algo que uno debe pensar a fondo. También es una política que no puede cumplirse en uno, o dos, o cinco, o diez años. Si la democracia no crece desde dentro, intrínsecamente, sobre la base de factores internos, no hay nada que Estados Unidos pueda hacer, incluso siendo el Estado más poderoso en la historia. No hay nada que Estados Unidos pueda hacer para convertir a otra sociedad en una sociedad democrática.

Enrique Krauze: Imaginen que llegamos en cámara rápida al año 2015. ¿Cómo será recordada la guerra en Iraq en ese entonces?

David Rieff: Para 2015 tendremos que lidiar, por lo menos, con el blowback* de la guerra en Iraq. Después de todo, sólo faltan ocho años para 2015. Imagino que para ese año las fuerzas estadounidenses estarán o bien en Iraq o cerca de Iraq. Los estadounidenses se han metido en una situación para la que no existe una salida evidente. Es como eso que el economista Schumpeter, tan admirado por los neoconservadores, denominaba la "destrucción creativa". No estoy tan seguro sobre la parte creativa, pero no cabe duda de que la destrucción según Schumpeter es lo que ha sucedido en Iraq. Y que nadie puede escapar de ello también está clarísimo. Esto suponiendo que no haya guerra en Irán, y que los turcos no decidan poner fin al Estado kurdo, y considerando muchos otros temas del Medio Oriente. Quiero decir: podemos hablar sobre la importancia del Medio Oriente en términos globales, pero en sus propios términos se tiene a menudo la sensación de que ahí hay seis guerras a punto de estallar, y simplemente no se puede saber cuál será la primera. La guerra fue una calamidad, una calamidad en la que estamos atrapados.

Leon Wieseltier: Creo que la guerra en Iraq fue un error y que será recordada como un error, y puesto que soy alguien que apoyó la guerra y escribid en su favor, me hago en parte responsable de ese error. En este momento, la dimensión realmente exasperante de la discusión es que los sórdidos orígenes de la guerra no tienen nada que ver con la cuestión de cómo salir de ella. Hay muy pocas cosas...

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