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Article Excerpt En nuestra tradición intelectual, el debate es una especie en peligro de extinción. Deslumbrantes o predecibles, las voces de nuestra República de las Letras apelana la empatía o el recbazo, no al convencimiento, mucho menos persiguen el cambio de parecer razonado. Se busca el aplauso de los partidarios y la rechifla de los adversarios, no el argumento que matice, conceda, transforme. El diálogo se ha vuelto un archipiélago de islas autónomas, un ejercicio autista. Justamente para romper esta inercia, en el marco del Fórum de las Culturas celebrado recientemente en Monterrey, Letras Libres y Foreign Policy organizaron una serie de diálogos, sobre los temas fundamentales de nuestro tiempo, invitando a personalidades con visiones del mundo, y sus problemas, claramente confrontadas. Así, Ignacio Ramonet discutió con Álvaro Vargas Llosa sobre capitalismo y pobreza; Tariq Ali con Marcos Aguinis sobre América Latina y su dilema entre el modelo chileno o el chavista; Martín Wolf con Peter Singer sobre la globalización; Minxin Pei con Albert Keidel sobre China; David Rieff y Leon Wieseltier sobre Estados Unidos.
En este contexto se suscitó el irrepetible diálogo entre Ayaan Hirsi Ali y Husain Haqqani sobre la compatibilidad, o no, entre el islam y la democracia.
Ayaan Hirsi Ali nació en Somalia y es conocida mundialmente por su trabajo como defensora de los derechos humanos y de las mujeres que sufren la intolerancia del islam. Ha sido miembro del Parlamento holandés y es la realizadora, junto con el cineasta Theo van Gogh, del filme Submission. La revista Time la nombró una de las personas más influyentes de nuestro tiempo. Actualmente es investigadora en el American Enterprise Institute de Washington.
Husain Haqqani nació en Pakistán y es periodista, académico y diplomático. Ha sido profesor en la Universidad Johns Hopkins, consejero de tres primeros ministros pakistaníes y colaborador de The Wall Street Journal, The New York Times, Foreign Policy y el Financial Times. Actualmente se desempeña como director del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad de Boston.
El encuentro fue sabiamente moderado, como podrá comprobar el lector, por el ensayista mexicano Jesús Silva-Herzog Márquez, columnista de Reforma y autor, entre otros títulos, de La idiotez de lo perfecto.
A continuación transcribimos, editado para que tenga sustento por escrito, este excepcional intercambio de ideas sobre uno de los asuntos del mundo que determina nuestra bota presente.
Jesús Silva-Herzog Márquez: A lo largo de este debate abordaremos una de las cuestiones más importantes de la política contemporánea, a saber: la relación entre política y religión, entre las lealtades del ciudadano y las lealtades del creyente. ¿Están estas lealtades destinadas a chocar? ¿Pueden ser compatibles de algún modo? Esta noche tenemos la oportunidad de hablar con dos protagonistas de este asunto central, que no sólo han debatido esta cuestión como intelectuales, en la prensa y a través de libros e investigaciones, sino también como activistas, como ciudadanos que se preocupan por cuanto sucede a su alrededor. Y por eso agradecemos la participación de Husain Haqqani, aquí en Monterrey, y de Ayaan Hirsi Mi, desde Washington, DC. Lamentamos que Ayaan Hirsi Ali no haya podido estar con nosotros. ¿Cómo se encuentra? ¿Cuáles fueron las razones por las cuales no pudo estar aquí hoy con nosotros, Ayaan?
Ayaan Hirsi Ali: Señor Silva-Herzog Márquez, no puedo estar ahí con ustedes esta noche por razones de seguridad. Y me habría encantado estar, me habría encantado debatir con el señor Haqqani. Nos conocimos en Aspen y considero que es un hombre encantador y sensato. Y, en relación a la pregunta del debate de esta noche, ¿son el islam y la democracia compatibles?, no me imagino a ningún demócrata dispuesto a amenazar al señor Haqqani para que no asista a algún tipo de debate. Y mi ausencia esta noche en México demuestra, ilustra, el hecho de que el islam y la democracia son tan incompatibles que aquellos que desean practicar el islam puro impiden que yo atienda a un debate con el señor Haqqani. Lamento decirlo, pero a esto se reduce todo.
Jesús Silva-Herzog Márquez: ¿Pero estamos haciendo la pregunta adecuada? ¿Es acertado pensar al islam como una ideología unificada, algo parecido a una esencia hermética que deberíamos considerar como una ideología ajena, diferente e incompatible con la democracia? No estoy seguro de que el uso singular de la palabra "islam" sea la forma correcta de formular el problema de la democracia contemporánea. Amartya Sen, por ejemplo, ha sostenido que asignar a individuos o, peor aún, a comunidades una identidad única, de alguna forma empequeñece a los seres humanos. ¿Es esta forma de entender las identidades, la identidad del islam como una identidad excluyente, una manera razonable de definir los retos a los que nos enfrentamos al abordar el problema de la democracia y la religión?
Husain Haqqani: Primero que todo, permítanme decir que soy yo quien más lamenta la ausencia de Ayaan Hirsi Ali. Su coraje había despertado mi admiración incluso antes de nuestro encuentro en Aspen. Su historia personal es impactante, ha tenido que soportar amenazas personales y sufrimiento, y necesita respeto y protección. No estoy de acuerdo con ella, pero haré lo que sea posible para que pueda expresar sus argumentos sin correr ningún tipo de riesgo. Y me gustaría que hubiera más gente en el mundo musulmán dispuesta a hacer lo mismo. La buena noticia es que ya hay muchos. Es importante recordar que en el mundo islámico hay mil cuatrocientos millones de musulmanes. Aquí, este auditorio es sólo de unos pocos cientos. Por favor, levanten la mano los que se identifican como católicos. Bastantes, por lo visto. Ahora, entre aquellos que levantaron la mano identificándose como católicos, por favor díganme cuántos han escuchado aquella declaración del papa Benedicto xv! que se llama Dominus Iesus y en que el Papa básicamente argumenta que todas las ramas del cristianismo que se separan del catolicismo romano son incorrectas, y que sólo la Iglesia Católica Romana es la mediadora de la salvación. Entre aquellos que levantaron la mano identificándose como católicos, ¿cuántos están de acuerdo con el Papa? Ninguno. Con esto pruebo lo que quiero decir. La cuestión es ésta: si unos cuantos centenares de personas que se consideran católicos no están de acuerdo con el líder de la Iglesia Católica, entonces ¿cómo van a compartir una sola definición de lo que es ser un musulmán mil millones de musulmanes? La definición de mi padre difería de la mía. Y la definición que tienen mis hijos mientras juegan con sus videojuegos es muy diferente de mi definición. El islam es una fuerza dinámica, como cualquier otra fe. ¿Está el mundo musulmán en crisis? ¡Desde luego! Lean mis...
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