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Article Excerpt A la hora de abordar un tema tan complejo como el de las relaciones culturales entre dos pueblos que histórica y cultutalmente se han mantenido aislados, no es tarea fácil recoger las fuentes concretas que prueben la existencia de relaciones, de viajes, a veces discretos o secretos, de afinidades e influencías. En el caso concreto del acercamiento de Don Ramón de Valle-Inclán a Portugal, esa labor es aún más delicada ya que se trata de un autor que supo crear una nebulosa imagen de sí mismo, en la extensa bibliografía del escritor escasean los datos precisos sobre este tema y los contactos, entrevistas y documentos existentes se encuentran dispersos por museos, archivos y bibliotecas personales no siempre de fácil acceso (1). Así, en este estudio, trataremos de presentar, en una secuencia cronológica, esos contactos esporádicos que se establecieron entre Valle-Inclán y Portugal a lo largo de su vida, teniendo en cuenta dos perspectivas complementarias. Por una parte, la imagen de Portugal en Valle-Inclán: el diálogo con la intelectualidad portuguesa, las traducciones de Eqa de Queirós, las colaboraciones en la prensa; por otra, la recepción portuguesa del político y literato Valle-Inclán en Leal da Câmara, Guerra Junqueiro, António Ferro, Leonardo Coimbra, Ferreira de Castro y Fidelino de Figueiredo, personalidades de todos los ámbitos culturales portugueses: artistas, poetas, filósofos, escritores, críticos literarios y políticos. En este contexto, dedicaremos, asimismo, un breve apunte a las afinidades literarias que el poeta argentino Francisco Luis Bernárdez establece entre el poeta de la Saudade Teixeira de Pascoaes y Valle-Inclán.
De acuerdo con los datos disponibles, el primer contacto de Valle-Inclán con la intelectualidad portuguesa se da con el dibujante Leal da Câmara (1876-1948) que, entre los años 1898 y 1900, se encuentra en Madrid tras un forzado exilio. Contaba, entonces, dieciocho años de edad y frecuentaba "todos os cafés de Madrid", manteniendo un ferviente diálogo con el círculo culto español que lo veía como un "misterioso revolucionario" (Martinho 19-22). En el café de la Montaña, entre la calle de Alcalá y de San Jerónimo, -- café que será visitado décadas después por otro dibujante portugués, el futurista Almada Negreiros (2) (1893-1970) --, el joven Leal es acogido por Valle-Inclán en la misma tertulia donde pontifican Unamuno, Manuel Bueno, los hermanos Baroja y Jacinto Benavente. Con este último, el artista dirige La Vida Literaria (1899), donde presenta como ex libris el dibujo de un diablo con la siguiente nota:
Tengo el gusto de presentarles a ustedes al distinguido dibujante portugués señor Leal da Cámara, que se halla en Madrid a consecuencia de diabluras políticas, y el cual se propone seguir en esta corte su compañía caricaturesca, siempre en compañía del diablo, cicerone insustituible para recorrer Madrid en estos tiempos de Aguilera. (apud Nascimento 37)
Muy apreciado en Madrid, el artista portugués ataca, con su trazo demoledor, a las monarquías peninsulares, al clero, a las fuerzas policiales, mientras empiezan sus exposiciones colectivas con Picasso y Sancha. Son suyas estas palabras, recordadas décadas más tarde:
As portas dos jornais madrilenos abriram-se-me de par em par. Arranjei amizades. Todos me consideravam. Eu era ousado --e a minha arte estava dentro de mim: era por consequência ousada, também. Chamavam-me renovador-- e, nas tertúlias, escutavam-me com deferencia. (Martinho 19)
Teniendo en cuenta estos datos, no es difícil entender la convergencia temperamental e ideológica y, como veremos, incluso la relación paternal que se estableció entre Valle y Leal da Câmara. De acuerdo con su propio relato, en este ambiente de tertulia Leal se verá implicado en la peripecia bohemia que le costó el brazo a Valle-Inclán en aquel mismo año de 1899. De las muchas y distintas versiones relatadas, incluyendo las del propio autor gallego (3), Leal da Câmara presenta en la prensa portuguesa de los años 40 (4) dos versiones de lo ocurrido. Recuerda, entonces, el artista portugués que el incidente tuvo su origen en las incautas palabras de su compañero de fonda (López del Castillo, en la versión de 1945 y Gutiérrez, en la versión de 1947), que puso en tela de juicio la soberanía portuguesa. De este episodio quijotesco y, probablemente ficticio, presentamos la siguiente versión publicada en el Diário de Lisboa (1947), reproducida por Augusto de Nascimento en su libro A individualidade multiforme de Leal da Câmara (2005):
Na fonda em que me hospedei, diz Leal da Câmara, estava também Gutiérrez, jornalista incipiente, que ousou dizer-me que Portugal podia ser tomado com uma simples marcha de tambores. Agarrei-o -- que então não sofria de gota -- e levei-o até à janela, suspendendo-o sobre a rua e disposto a projectá-lo. Intervieram, deixeio e não pensei mais nisso. Nessa noite, após alegre ceata com bons camaradas espanhóis, cheguei a casa com tanto sono que nem li uma carta que me esperava. Quando, no dia seguinte, a abri verifiquei, com espanto, que a carta era de Manuel Bueno, que, como testemunha do tal Gutiérrez, me convidava a mandar as minhas testemunhas para, nessa tarde, concertar o duelo. Procurei para tal o Ruben Darío que estava invisível por ter passado a noite a ouvir um poema de Vilaespesa. Na fonda havia um capitão vindo de Cuba, D. Pablo, homem de armas. E foi ele o meu padrinho e mestre nos ensaios de esgrima, ele com a sua espada e eu com um Machete, arma gentílica cubana. No antigo Café La Montaña, Valle-Inclán increpou Manuel Bueno, por aceitar ser testemunha do duelo: -- "Leal es un niño y ese duelo es un infanticidio, un crimen", gritou colérico. Manuel Bueno ofendeu-se e descarregou a bengala sobre Valle-Inclán atingindo-o num braço. A agressão não teria consequências si Valle-Inclán tivesse querido ser logo tratado; mas o grande D. Ramón preferiu ficar ali toda a noite, bebendo uns copos. Quando acedeu a ir ao Hospital de la Princesa já era tarde, e o braço teve de ser-lhe amputado. O caso deu que falar em Madrid e eu liquidei as coisas à portuguesa, esperando Gutiérrez no Passeio da Castelhana e sovando-o até ele desistir do aparatoso duelo. (apud Nascimento 43)
Con la plena integración de Leal da Câmara en el ambiente cultural español, como prueba su intensa colaboración en la prensa del país vecino (5), no tardarán en llegar invitaciones para que la nueva generación española se exprese en las revistas culturales portuguesas. Así se confirma con el anuncio de la participación de miembros de la Generación del 98 en la Revista Nova (6): Valle-Inclán, Antonio y Manuel Machado, Unamuno, Pio Baroja, Ramiro...
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