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Valle-Inclán iconoclasta: una entrevista olvidada de 1910 (1).

Publication: Anales de la Literatura Española Contemporánea
Publication Date: 22-JUN-07
Format: Online
Delivery: Immediate Online Access
Full Article Title: Valle-Inclán iconoclasta: una entrevista olvidada de 1910 (1).(Entrevista)

Article Excerpt
La actriz Josefina Blanco, esposa de Ramón del Valle-Inclán desde 1907, formaba parte de la compañía de Francisco García Ortega y Matilde Moreno en la temporada teatral de 1909-1910. El 19 de marzo de 1910 esta compañía estrena la obra del escritor Cuento de abril en el madrileño Teatro de la Comedia. Poco después el grupo iniciará una gira americana cuyo debut tendrá lugar el 27 de abril en Buenos Aires. Según algunas informaciones periodísticas Valle-Inclán se integrará en esta compañía en calidad de director artístico. En el texto del que se da noticia a continuación, el grupo de actores, el matrimonio Valle-Inclán y su hija Concha, viajan en un tren camino de Lisboa, ciudad en la que embarcarán el 5 de abril rumbo a América (2). En este medio de transporte tiene lugar el encuentro entre Ignasi Ribera y Rovira y el escritor, que es el origen de esta larga entrevista, fruto de la conversación que se desarrolla entre ambos durante las veinte horas que duraba en la época el trayecto del llamado "tren rápido" diario que unía la capital española con la portuguesa (Wais 382). Este interesantísimo texto, fechado en Lisboa el 12 de abril de 1910, fue descubierto por Javier Serrano en las páginas de La Cataluña de Barcelona (3), publicación en la que aparece editado el 30 de abril de 1910 (269-271). En esta entrevista el autor gallego opina extensamente sobre el arte y la cultura catalana, diserta sobre política americana y critica duramente al escritor Blasco Ibáñez, además de tocar brevemente otros temas secundarios.

Gracias a las conferencias americanas y a entrevistas posteriores se conocían las ideas del escritor sobre algunas de estas cuestiones propias de la actualidad de la época. No obstante, conviene destacar en este texto de 1910 tanto la contundencia de los juicios del escritor, como el detallado desarrollo de sus planteamientos para un escrito de características periodísticas. Se descubre aquí al Valle-Inclán más iconoclasta. Sin embargo, el cotejo de sus opiniones con otras vertidas en diferentes medios impide una lectura irónica de sus juicios. Pese alo extravagante que puedan resultar algunas de sus palabras, estas son consecuentes con otras declaraciones sobre la política internacional y la política exterior española de las que se muestra muy conocedor, el nacionalismo catalán y el arte español. Por todo ello considero, siempre con la precaución que cabe tener en estas cuestiones, que se trata de una fuente fidedigna no manipulada. Se debe subrayar además la fecha de estas palabras valleinclanianas, 1910, momento de fervor tradicionalista del escritor, y contextualizarlas en un momento de avance de las corrientes panamericanistas (por utilizar el término más frecuente en la época) y de desarrollo de ciertas teorías de sociología psicológica de base biológica, hoy totalmente superadas, y que explican algunos de los juicios de Valle-Inclán que en la actualidad leemos con desconcierto, ya que a estas alturas de la historia conocemos sobradamente las consecuencias perversas de la aplicación racista de estos modelos explicativos en los años treinta del pasado siglo.

Ignasi Ribera y Rovira (1880-1942) fue un periodista y creador literario catalán que ejerció como embajador cultural oficioso entre Cataluña y Portugal. Publicó numerosos trabajos en los que dio a conocer la cultura portuguesa en Cataluña, entre los que destacan Portugal artístic (1905) y Portugal literari (1912), además de varias antologías de autores portugueses. Su faceta de traductor ha sido resaltada especialmente (Díaz Fouces). Coincide cronológicamente con el escritor gallego en sus traducciones de Eça de Queiroz para la editorial Maucci de Barcelona. Igualmente da a conocer la cultura catalana en Portugal a través de las más variadas iniciativas, labor por la cual recibirá numerosas distinciones tanto en Cataluña como en Portugal. Sele considera uno de los principales representantes del iberismo catalán. Su continuada y fecunda labor intelectual y periodística se puede situar de manera general dentro del nacionalismo catalán, aunque dentro de este marco transita por diferentes corrientes ideológicas a lo largo de su vida. Ribera colaboró en numerosos periódicos y revistas catalanas y portuguesas; por ejemplo, fue director de El Poble Català y redactor de La Veu de Catalunya. Aquí lo encontramos en las páginas de La Cataluña, semanario cultural de Barcelona, fundado en octubre de 1907, que posteriormente cambiaría de denominación (Catalunya). Esta publicación respondía al interés de un grupo de jóvenes intelectuales catalanes por difundir el pensamiento y el arte catalán bajo la influencia de la Lliga Regionalista en el marco del Noucentisme.

Resulta necesario tener en cuenta estos datos sobre el autor de la entrevista y el medio en el que se publica pues explican el tono general del texto, en el que se descubre no sólo la personalidad del entrevistado, sino el carácter del entrevistador, muy presente en el discurso a través de sus juicios y apreciaciones. De hecho el artículo se inicia con una larga introducción y una extensa intervención en estilo directo de Ribera, que reflejaría el comienzo de la conversación que se transcribe, en la que el periodista critica duramente la reciente conferencia del escritor Pío Baroja en la Casa del Pueblo de Barcelona. Esta intervención pública fue reproducida en El Progreso de Barcelona el 26 de marzo de 1910 y publicada posteriormente con el título "Divagaciones acerca de Barcelona" en el volumen Divagaciones apasionadas de 1924. Como señala Sotelo Vázquez y desarrolla ampliamente Cecilio Alonso, esta conferencia barojiana ha de enmarcarse en la campaña política del Partido Radical en cuya sede, a modo de mitin, se pronuncia este polémico discurso en apoyo del anticatalanismo de Lerroux. Baroja, con independencia de su efímera militancia radical, ya se había mostrado con anterioridad muy crítico con el catalanismo en artículos periodísticos publicados en la prensa madrileña, como los titulados "El problema catalán. La influencia judía" de 1907, o "Los argonautas" de 1909. En ellos examina el origen del odio catalán hacia España, encontrándolo en el sentimiento de una nacionalidad frustrada y en su ascendencia judía, que explica las características del arte y la cultura catalana: bajo la habilidad y el brillo aparente de las manifestaciones culturales catalanas, se esconde un pensamiento y un arte vacíos y mediocres (4). La conferencia barcelonesa vuelve a estas ideas y las desarrolla, respondiendo al reto lanzado desde El Poble Català, respaldado por La Publicidad, que pide al escritor que repita esos juicios negativos en Cataluña y en la tribuna del Ateneo barcelonés (5). Baroja efectivamente responde al desafío con este discurso improvisado, aunque ante un público afín de radicales y sectores de la izquierda obrera no catalanista (6). Esta polémica previa ilumina las palabras de Ribera en la entrevista a Valle-Inclán en las que reprocha a Baroja su anticatalanismo y el que no se atreviera a hablar en el Ateneo, cosa que si hizo valientemente Unamuno en su momento (7). El discurso de Baroja es muy directo en su crítica, no se anda por las ramas, ni se remonta a la altura metafísica de "la patria ideal y espiritual para todos lo españoles" que había defendido lírica y afectuosamente en su disertación previa Unamuno (8). Baroja incide en la crítica de la intelectualidad catalanista, su insignificancia y superficialidad, su pedantería y mezquindad, en una producción intelectual en la que todo es importado e híbrido, que consecuentemente produce un arte sin características propias, ejemplificando su argumentación con intelectuales y artistas catalanes concretos. Tal visión lógicamente se origina en la consideración general que el escritor tiene del nacionalismo, pues para él ni es útil ni tiene porvenir, lleva un cargamento histórico tradicionalista y reaccionario y no posee ni espíritu moderno ni sentido científico (9). Como era de esperar, la alocución barojiana encolerizó a los catalanistas, ya que ataca uno a uno todos sus pilares y orgullos nacionales, desde la lengua al carácter distintivo de su cultura, o desde la arquitectura catalana a su industria (10). Carlos March ya había publicado una respuesta a este discurso en La Cataluña el 23 de abril de 1910, y su eco lo encontramos también en la indignación que Ribera manifiesta en su entrevista a Valle-Inclán (11).

Pero la lógica irritación del catalanista se encuentra sorpresivamente con la total aprobación por parte del autor gallego de las palabras de Baroja, aunque ambos escritores se localicen en polos opuestos del espectro político e ideológico en estos momentos de su biografía. Valle-Inclán también opina que tanto el pensamiento como el arte catalán son pobres. Para el escritor les falta tradición heroica y poética, ya que los catalanes no poseen ninguna leyenda que haya adquirido universalidad como la leyenda de Roldán, la del Cid o la del peregrino compostelano. Este criterio de la perduración histórica es fundamental para el escritor gallego y es un tema de reflexión que desarrolla en otros textos y conferencias. Ello se debe entre otros motivos a su lengua:

Ella [Castilla] sublima su lengua, convirtiéndola en eficaz y bellísimo instrumento de cultura universal, y el catalán, amigo, es idioma de una precaria influencia ... El poeta debe ir iluminado del santo orgullo de mundializar su arte, escribiendo en aquella lengua que, siéndole familiar, más irradie por la tierra ...

Como Valle-Inclán afirma creer en la identidad de la raza hispana: "Gallego de nacimiento, vivo intensamente, consubstancialmente el arte castellano, ese arte definidor de la civilización española". Valle-Inclán, Baroja y Unamuno, en sus tres discursos, defienden la utilización de la lengua castellana por el mismo motivo: su carácter internacional y proyección hispanoamericana (12). Valle-Inclán tuvo que justificar durante toda su vida su opción lingüística, incomprendida por algunos sectores del nacionalismo gallego que atacaron duramente su decisión (Serrano, "Galicia"). En esta entrevista sus juicios sobre la literatura catalana son tan severos como los de Baroja:

También yo creo, como Baroja, en la pobreza del pensamiento catalán. (...) Pero yo no creo en la sinceridad del arte catalán: le falta la tradición poética. (...) Rusiñol es un desdichado dramaturgo, y ese pobre Iglesias es una medianía insufrible. No reconozco nada más, fuera algunas traducciones de Guimerá, que me revele la pujanza y superioridad de la literatura catalana moderna.

A continuación el escritor gallego opina sobre uno de sus temas de conversación predilecto: la pintura española. El criterio de valoración, como en el apartado anterior, es igualmente su influencia en el sentimiento estético universal. Las filias y fobias del escritor son conocidas gracias a sus artículos, conferencias y entrevistas, y en este texto repite su evaluación (13).

En cambio, algunas de las opiniones que Valle-Inclán manifiesta...



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