Home | Business News | Browse by Publication | A | Anales de la Literatura Española Contemporánea

"Platónicos Crisoles": Valle-Inclán frente a Pérez de Ayala.

Publication: Anales de la Literatura Española Contemporánea
Publication Date: 22-JUN-07
Format: Online
Delivery: Immediate Online Access

Article Excerpt
A Jordi Doménech

Frente al entusiasmo con que practicó, aunque de modo efímero, la crítica de arte, contrasta la escasa afición de Valle-Inclán por la reseña literaria: apenas trece artículos, la mayoría compuestos en sus años de juventud (Serrano Alonso 24-25). Pese a que, según Rivas Cherif, don Ramón era "hombre de pocas lecturas" (93)--opinión cuando menos discutible--, es evidente que poseía notables conocimientos literarios y, sobre todo, una extraordinaria intuición estética que, no obstante, prefería aplicar al ámbito artístico: recuérdense, sin ir más lejos, las reflexiones sobre Velázquez o El Greco en La lámpara maravillosa, amén de sus artículos sobre Julio Romero de Torres y las conferencias que dedicó a Anglada Camarasa o al escultor Julio Antonio. Estilista hasta la médula, mucho meditó Valle sobre los valores expresivos de la palabra y el tratamiento que había recibido en la tradición literaria, (1) pero raramente se aplicó a la disección crítica de un escritor con el mismo empeño con que lo hacía con un artista plástico. Bien es verdad que en las entrevistas, cartas y conferencias que conservamos se refirió con cierta frecuencia a diversos literatos, aunque, salvo quizás en el caso de Cervantes o de Shakespeare, en general solía limitarse a la simple alusión y cuando no al sentido elogio o al más acerado exabrupto--que tanto prodigó en las tertulias--, expresados de un modo tan tajante y sentencioso que le eximían de más comentarios. (2)

Con todo, alguna vez se decidió a formular juicios literarios más elaborados, dotados de gran lucidez y agudeza aun dentro de su brevedad, especialmente cuando se trataba de obras o autores que admiraba o en los que creía hallar ciertas analogías con su propia concepción de la literatura. Tal es el caso de Ramón Pérez de Ayala, en quien se reunían ambas circunstancias.

Probablemente Valle-Inclán fue un asiduo lector del escritor asturiano, al que más de una vez presentó como uno de los mejores escritores de la época (3); pero hasta la fecha sólo conocíamos su devoción por La pata de la raposa, que se contaba entre sus novelas preferidas (4) y sobre la cual escribió un penetrante comentario en una carta que dirigió a su autor el 10 de junio de 1912. (5) En ella le manifestaba su entusiasmo por el relato, que consideraba mejor que los dos anteriores Tinieblas en las cumbres (1907) y A.M.D.G. (1910) (6), pues "tiene cierto aire de novela rusa, y ya sabe--apostillaba--que para mí es el mayor mérito y el mayor elogio que puede hacerse de una novela". Tras los vaivenes de esa búsqueda de sí mismo que emprende el abúlico protagonista, vislumbraba una mezcla de "humor inglés" (7) y de "la inquietud espiritual" característica de la "literatura rusa", por la cual sentía una singular inclinación, en concreto por Dostoievski y Tolstoi. (8) No obstante, aun insistiendo en que le "parece un libro único en España"--o mejor dicho, precisamente por eso--se permitirá ponerle una objeción. Era éste un proceder nada habitual en él, según se apresuraba a advertir con extremada cortesía a su joven amigo:

No me tome a mala parte, digo francamente mi parecer. No lo hago con nadie, pero como esta Pata de la raposa es una gran novela, llena toda de un fondo muy personal, yo creo hallar en ella un defecto de técnica, que, sin desagradarme, me sugiere otra manera de componer la novela. Voy a explicarme. En todos los capítulos está presente la acción y el pensamiento del protagonista. Es el centro de la acción siempre, todo lo llena, y, sin saber por qué, a mí como lector me comunica la impresión de que él mismo es quien escribe la novela. Es una impresión terca, que se impone irracionalmente, a pesar de la forma de narración impersonal en que está escrita la novela. Y ahora el defecto de técnica que yo creo advertir, sin estar muy seguro de no equivocarme. Pues esta impresión existe; creo que la novela hubiera ganado de estar escrita en forma de memorias. ¿Sabe usted, querido Ayala, una de las cosas que más contribuyen a que la novela parezca escrita por Alberto? La descripción y manera de tratar la figura de Fina. Parece pintada por su novio, no por un novelista. Hay una ternura íntima y contenida en todos esos episodios de Fina y Alberto, algo que se aproxima a la poesía lírica y amatoria, siempre autopersonal. (Hormigón 181) (9)

Valle se anticipaba así al dictamen que emitiría más de sesenta años después Andrés Amorós (La novela intelectual, 21), uno de los máximos especialistas en la narrativa ayaliana: "No cabe leer esta obra como una novela de ambiente o de costumbres o de crítica social, aunque también posea, en parte, estos elementos. El punto de vista desde el cual Pérez de Ayala la escribió es el del absoluto predominio de su protagonista". (10)

Ignoramos cuál fue la reacción de Ayala, si bien como novelista preocupado por la perspectiva narrativa--así lo demostraría en sus grandes narraciones de madurez--, es más que probable que en su fuero interno valorara positivamente el perspicaz comentario del autor de las Memorias del Marqués de Bradomín. Sea como fuere, en su próxima novela, Troteras y danzaderas (1913), mantendrá la omnisciencia narrativa, pero renunciando parcialmente a esa tendencia "autopersonal" que se le había reprochado y, en consecuencia, restando protagonismo a Alberto Díaz de Guzmán en favor de una mayor presencia del ambiente social que le rodea: el Madrid de los intelectuales y artistas de principios del siglo XX, inspirados en una serie de personajes bien conocidos en la Villa y Corte, lo que convierte la novela en un vivaz y a menudo irónico documento de época, lleno de digresiones sobre la realidad nacional. Desprovisto del egocentrismo de las primeras novelas, Guzmán mantiene su condición de alter ego del autor ejerciendo como enérgico portavoz de sus ideas, varias de las cuales son comunes al ideario valleinclaniano, como la inquina hacia la vacuidad retórica del drama histórico modernista --parodiado en la obra--, la concepción antirrealista del teatro y, sobre todo, la defensa de la educación estética del pueblo como fundamento para la regeneración del país. La disgregación argumental y la multiplicidad de personajes de Troteras y danzaderas también habrían de complacer a Valle-Inclán, quien en La guerra carlista ya había ensayado el modelo de novela colectiva, al que permanecerá fiel en El ruedo ibérico y en Tirano Banderas.

Dentro de esa variopinta colectividad, en la que cabe reconocer a Maeztu, Azorín y Ortega, entre otros, destaca la prominente figura de ese don "Quijote, no sólo en la traza corporal, sino también en el espíritu de su arte" (Pérez de Ayala, Troteras y danzaderas, 239-240) que es Alberto del MonteValdés, contrafigura de Don Ramón del Valle-Inclán, cuya manquedad es reemplazada por una cojera que el personaje exhibe con idéntica hidalguía. (11)

La riqueza de detalles con que dibuja la personalidad de Monte-Valdés, tanto en los lances que protagoniza como en las ideas que sustenta, pone de manifiesto que Ayala se basó en información de primerísima mano. Y es natural que así fuera: en aquellos tiempos los dos Ramones asistían a la tertulia del Café Fornos, donde Valle, al igual que su correlato ficticio, disertaría sobre su visión del arte como emoción y como recuerdo (Troteras y danzaderas 241), y ensalzaría la danza como "la más alta expresión estética" (12) (La lampara maravillosa 1934) ante un público formado por literatos y artistas, como Romero de Torres, quien también aparece representado en la novela. En realidad, la afición a la pintura, como al baile, era común a ambos escritores, (13) al igual que la tauromaquia, segun pudo comprobar el diestro Juan Belmonte, quien trabó amistad con ambos por mediación del escultor Sebastián Miranda (Pérez Ferrero 102): el 28 de julio de 1913, Ayala, Valle-Inclán, Miranda y Romero de Torres organizaron en el restaurante madrileño El Ideal Retiro un banquete de homenaje al torero, maravillado de suscitar tanta admiración en "aquel cenáculo de artistas gloriosos, que discutían abstrusos problemas de filosofía o estética" (Chaves Nogales 157): no en vano Valle concebía el arte del toreo como una manifestación de la "armonía de contrarios", (14) uno de los conceptos nucleares de su credo estético nada ajeno, por cierto, al pensamiento ayaliano (Mata 33-34).

Todo apunta, pues, a que...

View this article FREE - Now for a Limited Time, try Goliath Business News
Free for 3 Days!



More articles from Anales de la Literatura Española Contemporánea
Valle-Incl�n iconoclasta: una entrevista olvidada de 1910 (1).(Entrevi..., June 22, 2007
Valle-Incl�n en el siglo XXI., June 22, 2007
Tirano Banderas on the stage: the deplorable adaptation of a masterpie..., June 22, 2007
Bibliograf�a de Ram�n del Valle-Incl�n *., June 22, 2007
Elena Cueto As�n, "Autos para siluetas" de Valle-Incl�n. Simbolismo y ..., June 22, 2007

Looking for additional articles?
Search our database of over 3 million articles.

Looking for more in-depth information on this industry?
Search our complete database of Industry & Market reports by text, subject, publication name or publication date.

About Goliath
Whether you're looking for sales prospects, competitive information, company analysis or best practices in managing your organization, Goliath can help you meet your business needs.

Our extensive business information databases empower business professionals with both the breadth and depth of credible, authoritative information they need to support their business goals. Whether it be strategic planning, sales prospecting, company research or defining management best practices - Goliath is your leading source for accurate information.