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Article Excerpt El inicio de la guerra
No es que Miguel Ángel Beltrán Lugo, "el Ceja Güera", fuera pieza menor. Pero cuando llegó al penal de La Palma, Estado de México, el 23 de junio de 1992, iba ya muy mermado, cansado y sin dinero, dicen, después de años de andar a salto de mata, de rodar sin domicilio fijo. Lo trasladaron del penal de Puente Grande, Jalisco, con varias sentencias a cuestas que sumaban dieciocho años, apenas por cumplir, por dieciséis procesos penales: desde secuestro, asociación delictuosa, asalto con violencia, robo de autos y evasión, hasta homicidio y acopio de armas de uso exclusivo del Ejército. Su fuerte, en el pasado, habían sido los bancos, el secuestro y los asaltos. El narcotráfico era una actividad colateral para él, y no su principal fuente de ingresos, a pesar de haber nacido en San Pablo Mochobampo, cerca de Sinaloa de Leyva, tierra de jefes.
Por eso a muchos extrañó que doce años después, cuando lo mataron, ya fuera un patrón encumbrado. El respeto, la posición y el dinero se los ganó, por consiguiente, desde las celdas. Y de qué manera: a su funeral fueron, según los reportes de prensa, varios líderes y candidatos del Partido Acción Nacional sinaloense, como Saúl Rubio Ayala, Wilfredo Véliz y Heriberto Félix Guerra. "Mi amistad es una amistad sincera, solidaria; y máxime que esta gente coincide con nuestro proyecto", dijo Rubio Ayala cuando los medios cuestionaron su presencia. "Vamos a ver cuáles son, el porqué de este tipo de nexos. Para la investigación siempre es importante indagar qué está ocurriendo en ese entorno, y cuando ciertos personajes de repente se aparecen, debemos definir los motivos de su presencia", dijo, cantinfleando, el entonces procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, días después de que la televisión difundiera las imágenes de los panistas en el sepelio del Ceja Güera. "Queremos entender que es dar un pésame, queremos entenderlo así", agregó. Nadie sabe en qué quedó su famosa investigación.
El 17 de mayo de 2005, sin embargo, la "coincidencia de proyecto" alcanzó a Rubio Ayala, para entonces diputado local por el PAN: un grupo de sicarios que viajaba en dos camionetas lo emboscó en la carretera, camino a Guasave. Le dispararon con rifles de asalto AR-15 y AK-47, y con pistolas 45 Y de 9 milímetros. Él y su chofer, Ornar Ruelas García, murieron en el acto. Su camioneta Explorer tenía cerca de noventa impactos de bala. Quedaron irreconocibles.
Por el tiempo de su última detención, a Beltrán Lugo ya se le cantaba en las cantinas. Se narraban sus hazañas como asaltante y secuestrador. Había varias versiones del corrido, ninguna de Los Tucanes de Tijuana o de Los Tigres del Norte, pero era ya parte de una leyenda. "El estado de Sinaloa/ orgulloso debe estar/porque tiene mucha gente/que sí se anima a jalar./ Entre todos sale uno/ que es Miguel Ángel Beltrán./ Lo apodan 'el Ceja Güera',/ que en una trampa cayó./ Lo encerraron en Guasave/ y de ahí se les fugó/ con siete hombres a su mando/ que él mismo los escogió ..."
Sí, el Ceja Güera se había fugado por lo menos dos veces de las prisiones de Sinaloa. Su arresto de 1992, sin embargo, sería el definitivo, porque de la cárcel ya no saldría sino muerto: la noche del 6 de octubre de 2004 lo pescaron descuidado, adormilado, en el área de comedores del Módulo 4 de La Palma. Lucio "Don Juan" Govea, de cuarenta años entonces y sentenciado a 42 más por asaltos a bancos, se le atravesó con una calibre 22 en la derecha. Le metió cinco balazos: dos en el cuerpo y tres en el cráneo. No hubo forma...
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