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Article Excerpt UNA BIBLIOTECA LIBERTARIA
Hay en México, desde hace treinta años, una biblioteca particular, abierta al público, especializada en anarquismo y temas sociales: la Biblioteca Social Reconstruir. Es, además, una institución de anarquistas. La fundó Ricardo Mestre Ventura (1906-1996) (o Ricard Mestre i Ventura, o "José Riera" en el Excélsior de los setenta, ochenta y noventa), exiliado de la Guerra Civil española y anarquista catalán. Es su biblioteca personal, que al cabo de la vida, cuando dejó de ejercer sus variados oficios, puso a disposición de sus correligionarios y de cualquier interesado, atendiéndola, cuidándola y acrecentándola él mismo (con la ayuda de amigos suyos: Eliseo Rojas, Benjamín Ramos Ruiz ...). La tuvo diez años --hasta su muerte-- en un despacho más bien amplio de la calle de Morelos, en que brindó bastante servicio a los ácratas de su generación y a los jóvenes que iba convenciendo de abrazar el ideario de Proudhon, Bakunin y Kropotkin (y los demás ilustres ideólogos), y desde luego sin rechazar a otros curiosos ya volátiles. Las penalidades pecuniarias la han situado ahora en la calle de Dolores 16, despacho 401 --dos habitaciones más bien pequeñas, en que el acervo se apretuja. Allí funciona. A duras penas, pero funciona. Y de ella toman nota historiadores y activistas, y la toman en cuenta grupos reducidos --o quizá no tanto-- de aquí y del resto de Latinoamérica, España y el Canadá.
Mestre, el fundador, desempeñó en México trabajos diversos. Al final fue editor --de las obras clásicas del anarquismo, claro, y de producciones nuevas de ese ideal. Fue siempre un pacifista, enemigo acérrimo de la opción violenta --en Cataluña, cuando la guerra, salvó la vida de sacerdotes perseguidos, siendo él un perfecto "indiferente en materia de religión". (1) Esa labor editorial se puede rastrear --tal vez no entera-- en la actual biblioteca, entre sus cinco o seis mil títulos (además de aquellos tres padres, están Tolstói, Malatesta, Flores Magón, Cappelletti, Montseny, Rocker, Goldman, Fabbri, Thureau, Abad de Santillán et al., más textos miscelánicos de materia social desde Rousseau).
Al morir el progenitor, la obra iba a quedar encomendada a deudos suyos y a un grupo de amigos. Parece que la sangre se hizo a un lado, y el pequeño cenáculo se dispersó. Entre los discípulos tardíos había unos que a primera vista parecían algo excéntricos (eran los años ochenta y noventa). En realidad se trataba de muchachos aficionados al rock, la música pop y la poesía, y por completo rebeldes y contrarios --de actitud, de letra y de música-- con respecto a una autoridad tan desprestigiada y poco digna de respeto como podía ser la mexicana en esos años. (Muchos de ellos, actualmente, piensan que seguimos en esencia igual.) La excentricidad estaba en el atuendo: eran los punks. Hoy en día integran el "movimiento anarcopunk mexicano", más activo, extenso y creativo de lo que reflejan los medios de comunicación. Uno de sus propulsores, Héctor, también llamado Toby, me recibió en la biblioteca, me brindó informes sobre ella y me dejó curiosear con toda libertad. Su compañera, Martha Cecilia García Juárez, le dedica también mucho tiempo a la institución. Ellos dos son ahora el alma de esa herencia acrecentada y amenazada, y representan su primera defensa y toda su administración.
A Ricard Mestre i Ventura, la parafernalia de los jóvenes del traje raro con colgaduras y la greña hirsuta no li féu fred ni calor ("no le dio frío ni calor"), ni lo impresionó en absoluto. Los trató de inmediato como a cualquiera --a todos trataba bien: al tú por tú y fraternalmente; le habría hablado de tú al Papa y al teporocho, sus iguales, y no le habría dado ninguna preeminencia a aquél sobre éste. Recibió, pues, a los chavos, los tuteó, les pidió que lo tutearan, y los instruyó en muchos temas ... y en el anarquismo. Eran unos cuantos. Y ahora le guardan fidelidad. Ellos, esos punks anarquistas, heredaron al final la biblioteca --por decir así: los anarquistas están contra las herencias--, y los dos que he dicho se encargan de ella todo lo bien que pueden --por lo común contra una gran precariedad (deben meses de renta y luz, y les cortaron el teléfono). Y con absoluto desinterés egoísta, y un gran interés por el ideal. La mantienen con lo que colectan para ella en sus presentaciones y conciertos, y llevan, con amigos, un sitio de internet (biblioteca@libertad.org.mx) y un correo electrónico (braulion@matemagica.com.mx) donde informan sobre los días en que abre la institución --el calendario y el horario son irregulares, porque dependen de la disponibilidad de esta única pareja de curadores--, y sobre la manera de favorecerla con donaciones de libros y donativos pecuniarios, y allí también dan cita para impartir enseñanzas acerca del anarquismo y los punks en México y el extranjero, ayer y hoy.
La biblioteca no tiene relación con su barrio, porque en realidad ese paraje --Dolores, López, Independencia, Juárez, San Juan de Letrán-- ya no constituye un lugar de habitación: todo son...
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