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Reflexiones sobre mi creación teatral.

Publication: Anales de la Literatura Española Contemporánea
Publication Date: 22-MAR-07
Format: Online
Delivery: Immediate Online Access

Article Excerpt
A veces me he preguntado si el hecho de ser hija única conllevaría una tendencia a lo teatral. Lo de hijos únicos debe imprimir carácter, me he encontrado con más de un autor que lo es, y quizás en esa soledad sin hermanos, radique la causa de que empezara a desdoblarme en otros, a crear posibles antagonistas y comparsas, simplemente, para no jugar sola. Por supuesto que los colegios subsanan esto, pero los niños de mi generación no íbamos tan pronto como ahora, yo empecé a ir a los seis años, y hasta entonces, ya teníamos marcado a fuego en el carácter y en los comportamientos, esa tendencia a disfrutar o a rentabilizar esa soledad que nos había tocado en suerte, y a hacer de la necesidad, virtud. Desde que me inicié en la lectura, para mí el gran hallazgo, lo más divertido que descubrí, comencé con los juegos "dialécticos", siendo yo en ellos protagonista-antagonista, a crear personajes a los que añadía diálogos y a establecer con ellos una empatía absolutamente necesaria. Creo que ahí empezó mi coqueteo con el teatro, aunque mis primeros escritos fueron, como el de casi todos los escritores, la poesía y el cuento, y en un deseo de emular a la novela, rellené cuadernos con un mismo argumento. Esta tendencia a jugar conmigo misma mediante diálogos imaginarios y narraciones realistas o fantásticas, se intensificó cuando, a los ocho años, una enfermedad, de la que me salvó la recién llegada penicilina, me mantuvo cuatro meses en cama, sin pisar un parque ni poder jugar con otros niños. Pero como digo, mis primeros tanteos fueron narrativos y poéticos y el teatro quedó relegado a viñetas con diálogos, viñetas que dibujaba yo misma. El verdadero interés, la pasión yo diría, vino luego, cuando estaba en la facultad: fue entonces cuando lo sentí como si fuera "mi" género, el idóneo, y la verdad es que aunque no he dejado de cultivar la narrativa, me siento en el teatro como pez en el agua, como si estuviera condicionada, predispuesta o "predestinada" para ello. No sé si será verdad, pero lo cierto es que en ningún otro género me he sentido tan segura ni he disfrutado tanto del hecho creativo, como con el teatro.

De mi labor como dramaturga, labor bastante extensa por cierto, llevo escribiendo textos para el teatro desde finales de los 60, (El Presidente, mi primera obra publicada data de 1968), creo poder distinguir tres claras etapas atendiendo a una distribución meramente temporal:

1) La de los últimos años de los sesenta y década de los setenta, en la que suelo hacer un teatro en el que lo simbólico y lo simbólico-político parecen predominar. De estos primeros años son, Cero, Colisión, Libres en Primavera, la Sed, El Contrato Héroes, ¡Dinero, dinero, dinero! (Stress, mucho stresss ...), Ping-Pong (Oriente-Occidente), y la primera versión de Ulises no vuelve, que entonces se llamó La vuelta de Ulises. De estas obras, las únicas que se han publicado han sido El presidente, en la Editorial Quevedo, y La Sed que antes de que la editara Fundamentos en el volumen dedicado a mi Teatro breve, lo hizo la revista La Pluma en su número 3. También en esta primera etapa hubo algunos estrenos, como los de El Presidente, Cero, Colisión, Libres en Primavera, La Sed, y ¡Dinero, dinero, dinero!

2) La etapa de los 80 e inicio de los 90, hasta ahora la más fructífera, y en la que posiblemente se observe una fijación de estilo y unas constantes de las que luego hablaré, algunas apuntadas ya en la anterior etapa. Coincide con el interés despertado en España por el teatro escrito por mujeres y una mayor repercusión del mismo, de lo cual, también se benefició mi teatro. De esta etapa son muchas de mis piezas breves (¡Mamá el niño no llora!, La actriz, Personal e Intransferible, Ultimar detalles ...), El oculto enemigo del profesor Schneider, Diecinueve, Los eróticos sueños de Isabel Tudor, Los mercaderes de la belleza, Nueva Historia de la Princesa y el dragón, La Recepción, Pop y Patatas fritas, Bajo sospecha, De Película, Las Niñas de San Ildefonso, etc., coincidiendo también con un retornar de la narrativa como Peligrosamente literarios, Amazonía, etc.

Fue precisamente en esta etapa cuando fundé en el 86 la Asociación Dramaturgas Españolas, de la que fui presidenta. Pienso que aquello fue un hito importante y que contribuyó a que recayera la atención de autores y estudiosos del teatro en un sector hasta entonces casi inexistente o irrelevante, como era el de la mujer autora teatral (Nieva 1993; Hormigón 1996), salvo algunas contadas excepciones como las de Ana Diosdado y Maria Manuela Reina, autora de la que tras sus éxitos, no volvió a saberse nada ni sobre el escenario ni en cualquier otro medio relacionado con la cultura. Aunque la experiencia de la Asociación de Dramaturgas no duró mucho, su fundación resultó fructífera, pues además de dar a conocer y potenciar la autoría de la mujer española en el teatro, constituyó sin duda el referente para que se creara poco después la actual Asociación de Autores de Teatro, que, afortunadamente, goza de excelente salud.

También en estos años hubo estrenos como los de El oculto enemigo del profesor Schneider, Espejos rotos, espectáculo compuesto de varias de mis piezas breves (La Sed, Ultimar Detalles y ¡Mamá, el niño no llora!), No, no pienso lamentarme, Ulises no vuelve, Personal e Intransferible, y Pop y patatas fritas.

3) La tercera etapa, ocupa los últimos años de los noventa hasta hoy. En ella se observa un parón teatral entre 1998 y 2000, al coincidir un problema de salud con una mayor intensificación de mi obra narrativa. No obstante ahí están: ..Son los otros, Estado de sitio, Los buenos principios, Orquesta, La última reserva de los pieles rojas, La Boda, Allegro (ma non troppo), y Las provechosas alianzas. De esta etapa son los estrenos de Teatro Minimal, espectáculo compuesto por varias de mis piezas breves, La Recepción, Las Niñas de San Ildefonso, Los eróticos sueños de Isabel Tudor, y La Boda.

En cuanto a las principales coordenadas de mi teatro, o constantes, lo que primero salta a la vista, y quizás resulte más llamativo, es la variedad de géneros. Con mayor o menor fortuna, creo haberlos cultivado todos, desde el teatro "histórico" (El Presidente, Bajo sospecha, Los eróticos sueños de Isabel Tudor, Nueva Historia de la Princesa y el dragón ...) hasta...

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