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Article Excerpt Las ironías y las paradojas presiden la secuencia de los hechos con no menor fuerza que la severa racionalidad. Los deslindes convencionales en torno a lo objetivo y a lo subjetivo en la historia --y en general, en las percepciones humanas-- suelen subestimar este fenómeno. Y para sugerirlo no hace falta ir en busca de ninguna sentencia posmodernista.
Ocurre a menudo que los protagonistas del teatro histórico se desvían del libreto --anunciado y previsto-- balbuceando giros que propinan sorpresas para ellos y para sus espectadores. El apunte genérico gana particular relieve en el contrapunto nuclear del Medio Oriente, con marcado acento en Irán e Israel --contrapunto que, a mi juicio, puede traer resultados difíciles, cuando no trágicos, para todas las partes. Revisemos el asunto con el detenimiento que permiten las fuentes de información disponibles.
LA CAPACIDAD NUCLEAR ISRAELÍ: HAZAÑA Y PESADILLA
Debido a la estricta censura que el gobierno israelí instrumenta en relación con la índole del reactor atómico que se encuentra en Dimona, aldea localizada en la entrada de las zonas áridas del Neguev, se ignoran muchos aspectos referentes a su capacidad de producción de artefactos militares no convencionales. Sin embargo, los datos disponibles en la bibliografía y las fuentes noticiosas extranjeras ayudan a sortear parcialmente esta dificultad.
Los primeros pasos de Israel en esta materia se verificaron en el curso de los años cincuenta bajo el resuelto liderazgo de una "troika": David Ben Gurión, entonces primer ministro y líder incontestable de Israel; su fiel ayudante Simón Peres, que compensaba su absoluta inexperiencia en el campo de batalla con un agudo sentido estratégico y con una excepcional combinación de astucia y visión de los asuntos internacionales, y Ernst David Bergman, un científico de talento que presidía en aquel momento la Comisión de Energía Nuclear del país. Estos tres personajes compartían la firme convicción de que la viabilidad y la subsistencia de Israel en el plazo largo no podían depender de ningún factor externo; en esta perspectiva, la conducta indiferente de los Aliados --y en particular de británicos y estadounidenses-- en los sombríos años de la Shoah que desgajó por lo menos a un tercio --el más creativo y promisorio-- del pueblo judío significaba lecciones trágicas e inolvidables. Juzgaban, por añadidura, que la superioridad demográfica árabe y musulmana a la par que el progreso de los países vecinos acentuarían la inclinación a desmantelar una entidad política que consideraban un brazo disolvente e intrusivo del imperialismo occidental y cristiano. Los tres líderes concluyeron que Israel debía gestar una capacidad militar poderosa, capaz de desalentar cualquier ataque concertado de los países árabes y del universo musulmán --capacidad que implicaba, después de Hiroshima y Nagasaki y de la formación de una excluyente minoría de países con potencial atómico, el desarrollo de recursos militares no convencionales, con o sin la anuencia de terceros.
Una coyuntura favoreció esta convicción. En los cincuenta, Francia estaba gobernada por un gobierno socialista inclinado a ingresar al "club" exclusivo de los países con capacidad nuclear a pesar de las firmes objeciones estadounidenses. En estas circunstancias, Pierre Mendès France y Simón Peres convinieron en París, con absoluto secreto, en que Francia suministraría a Israel la tecnología necesaria para construir un reactor de modesto alcance en tanto que Jerusalén pondría a disposición de los franceses el conocimiento teórico en física nuclear que les faltaba. El convenio benefició sensiblemente a los dos países. Pero, en tanto que París anunció públicamente en los sesenta el alcance de una efectiva opción nuclear, Israel se inclinó por una "estrategia opaca" en relación con este tema. Es decir, se abstuvo de dar cualquier noticia en torno a la existencia y las medidas de su potencial, para vedar, en consecuencia, cualquier inspección internacional de las instalaciones en Dimona.
Esta estrategia se mantiene escrupulosamente hasta hoy, y se antoja en algún grado verosímil, pues Israel jamás ha realizado un experimento nuclear. Sin embargo, sobran las especulaciones sobre la cantidad y la naturaleza de las bombas que se encuentran a su disposición, o que pueden estar en operación en un periodo sumamente breve (se estima que en menos de una semana). Si éste es el caso, cabe especular que los israelíes han encontrado alguna manera de compensar la ausencia de ensayos a través del uso de computadoras de prodigiosa velocidad que simulan escenarios virtuales.
Para un país de las escasas dimensiones y recursos como era Israel en 1948 (apenas...
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