|
Article Excerpt Me pasé todo el verano de 1951 en el sótano de mi casa familiar, en Ohio, leyendo y estudiando églogas, autos, farsas, pasos, comedias y tragedias de Juan del Encina, Lucas Fernández, Diego Sánchez de Badajoz, Bartolomé de Torres Naharro, Lope de Rueda, Gil Vicente, Juan de Timoneda, etc. Sentía poca pasión por el objeto de mi estudio, aunque no había que negarle cierto interés a alguna de esas obras, como la Nise lastimosa y la Nise laureada, de Jerónimo Bermúdez, tragedias y vaticinio tal vez por su género de un futuro interés mío. ¿Qué había de hacer? Estaba desesperado, porque el teatro del siglo XVI se me había asignado como materia de mi tesis doctoral, ¿Cómo que se te había asignado?, me preguntarán colegas más jóvenes.
Aunque amable, Américo Castro era el autócrata de los estudios hispánicos en Princeton. Apenas te dejaba seguir una clase con otro profesor. Era tan imponente, tan cesárea su presencia, que al entrar él en el aula el primer día todos los estudiantes nos pusimos de pie, y uno de los chicos se cuadró. Nuestra inclinación era obedecerle dóciles en todo cuanto nos pedía, asignaba, o mandaba. En la primavera de 1951 nos tocaban los exámenes escritos de doctorado; don Américo decidió adelantar en un mes su viaje anual a Europa, y ordenó que se volviesen a programar los exámenes de doctorado un mes antes. No tuve tiempo para releer mis apuntes sino una sola vez. Así vivíamos en el departamento de Princeton. Pero, en lo que se refiere a mi tesis, mi salvación estaba a la vuelta de la esquina.
En ninguna de nuestras clases se nos había dicho una sola palabra sobre esa centuria prohibida que era la decimoctava, pero sabíamos que en 1924 nuestro maestro había publicado un ensayo titulado "Algunos aspectos del siglo XVIII," que, pese al desprecio general por esa centuria, gozaba del respeto de casi todo el mundo. Así todos los años veníamos pidiéndole a don Américo que nos dictase una clase sobre el siglo XVIII, y con cada negativa crecía nuestra curiosidad. Por fin, en el semestre que siguió a mi triste verano de farsas y pasos, nos ofreció la deseada clase. Fue la peor de cuantas nos tocaron con él. Insistió en la necesidad de que se revalorizara el siglo XVIII, pero poco hizo para mostrarnos el camino. Se veía que no tenía ánimos para repasar todos los materiales que tendría que haber sabido al dedillo para hacerlo bien. Nos habló de los ensayos de Azorín sobre el setecientos, y tenía razón al afirmar que hasta ese momento no había habido más dieciochistas sensibles que el solo José Martínez Ruiz. De allí pasamos casi insensiblemente a hablar de novelas...
|
|

More articles from Dieciocho: Hispanic Enlightenment
Nicol�s Rodr�guez Laso. "Diario en el Viage de Francia e Italia (1788)..., March 22, 2007 Jonathan Earl Carlyon. Andr�s Gonz�lez de Barcia and the Creation of t..., March 22, 2007 Michael Iarocci. Properties of Modernity: Romantic Spain, Modern Europ..., March 22, 2007 Theresa Ann Smith. The Emerging Female Citizen: Gender and Enlightenme..., March 22, 2007 Elizabeth Franklin Lewis. Women Writers in the Spanish Enlightenment: ..., March 22, 2007
Looking for additional articles?
Search our database of over 3 million articles.
Looking for more in-depth information on this industry?
Search our complete database of Industry & Market reports by text, subject, publication
name or publication date.
About Goliath
Whether you're looking for sales prospects, competitive information, company
analysis or best practices in managing your organization,
Goliath can help you meet your business needs.
Our extensive business information databases empower business
professionals with both the breadth and depth of credible,
authoritative information they need to support their business
goals. Whether it be strategic planning, sales prospecting,
company research or defining management best practices -
Goliath is your leading source for accurate information.
|
|