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Article Excerpt Hector Manjarrez La Maldita pintura México, ERA. 2004, 79 pp. Id., Rainley el asesino, México, Era, 2002, 87 pp.
La experiencia sexual (con lo mucho o lo poco que tenga de amor) es, en Héctor Manjarrez, la situación en la que un ser se convierte en prisionero de otro: de su belleza, de sus atributos, de su miseria, de su brutalidad, de su talento. Por ello y por otras razones, La maldita pintura (2004), y, sobre todo, sus últimas veinte páginas, se cuentan entre lo más fuerte e impresionante de la narrativa mexicana de los últimos años: un pintor enjaula, en la habitación superior de su casa en Primrose Hill, a dos de sus mujeres, condenadas a posar eternamente, al natural, o reducidas a ser una instalación viva.
Ninguno entre los narradores que le son estrictamente contemporáneos ha ido progresando, como Manjarrez, con tantaenjundia, inquieto por desafiar, de libro en libro, a la Forma: no podría ser de otra manera en un escritor educado en la lectura de caracteres tan distintos como los de Witold Gombrowicz y Antonin Artaud, el joven y el cruel. Y más allá de la literatura, extensión que en Manjarrez importa mucho, está la pintura junto con la música: Lucien Freud y Francis Bacon, Mick Jagger y Keith Richards.
Leyendo en retrospectiva la obra de Manjarrez encuentro alguna identidad, pese a la lejanía, entre los tres relatos que componen Acto propiciatorio (1970), obra de un joven de veintitrés años que llevaba casi diez viviendo en París y en Londres, y La maldita pintura, la síntesis que de su propio arte logra un maestro. Manjarrez es un escritor muy pintor, extremadamente visual, y en "Johnny", primer cuento de Acto propiciatorio, lo que leemos es el destino ingenuo de ana imagen, la del cowboy que, a través de la pantalla de televisión, escapa de su mundo y se instala, como huésped, entre una familia de la clase media mexicana. La maldita pintura es, también, la historia de una imagen, la que Dos --los personajes sólo llevan números por nombre-- logra componer al encerrar a las mujeres. En ambos casos es notoria la facilidad con la que Manjarrez, ayer y hoy, cruza el espejo, se atreve a lo que parece inverosímil, se arriesga.
Los primeros cuentos de Manjarrez son la obra de un primitivo (tal cual io describió José María Espinasa hace años), y en ellos destaca la buena y la mala influencia de Carlos Fuentes y de su visión (que no era dificil compartir)...
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