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...segundo muestra derrotero las plumas dentro del territorio sudamericano y como eran exportados hacia España y sus colonias, y a numerosos sitios del planeta desde el puerto de Montevideo.
Ante la escasez de bibliografía y fuentes sobre estos, su reconstrucción se intentará a través de Diarios de Viajeros, Crónicas, Actas Capitulares, archivos de las Aduanas de Montevideo y Buenos Aires, textos sobre la conquista de América, otros referidos a lo económico--comercial, y sobre la región rioplatense.
Abstract
In this article two issues are analysed. On one hand, the attainment, and on the other, the commercialisation of ostrich feathers during the colony period in South America. As regards the first issue, we will see how, where and who made it. However the second issue shows the route of the feathers within South American territory and how they were exported to Spain and its colonies, and to many other places of the world from the port of Montevideo.
In the presence of shortage of bibliography and sources about them, their reconstruction will be through travellers newspapers, chronicles, minutes of agreement, Buenos Aires and Montevideo's customs files, text about America conquest, others refer to economic-- commercial, and about the rioplatense region.
Introducción ***
Desde hace decenas de años, está instaurada en el imaginario social argentino y extranjero la idea que asevera que mientras los súbditos de la Corona española ocuparon el Cono Sur de América --más específicamente la región comprendida por la Gobernación de Buenos Aires, primero, y el Virreinato del Río de la Plata, después--, el único producto de exportación nativo de estos lares era el generado por la actividad ganadera, y dentro de ella tenía carácter esencial y casi exclusivo el obtenido del ganado vacuno, tales los casos del cuero, sebo, charque, tasajo, etc.
Esta concepción de la vida económica rioplatense es correcta hasta un cierto punto, puesto que además de estas mercancías producidas en las regiones aledañas al estuario del Río de la Plata --las que constituían, inútil es negarlo o querer refutarlo, uno de los principales aportes al erario real, junto con los metales provenientes de las minas de Potosí ubicadas en el Alto Perú--, se exportaron hacia España y otras naciones, y a sus respectivas colonias, americanas o no, gran variedad de los llamados frutos del país.
Se conoce con el nombre de frutos del país a todos aquellos productos que eran originarios de las tierras ubicadas dentro de los límites comarcales del Virreinato sureño, los cuales unos eran extraídos y utilizados como alimentos, otros como materias primas para la realización de variadas manufacturas en otras regiones del planeta, incluso algunos productos eran trabajados y moldeados por la mano del hombre americano transformándolos en artículos culturales propios de estas australes regiones españolas. Estos frutos del país eran --y son-- por ejemplo, entre una extensa gama de artículos más, las pieles finas obtenidas de la caza de pumas, ciervos, nutrias, etc., la yerba mate proveniente del Paraguay y las Misiones jesuíticas, el poncho manufacturado en diversos lugares, los vinos y aguardientes cuyanos, y las carretas de altas ruedas y tiradas por yuntas de bueyes, mayoritariamente construidas en la región tucumana. Uno de dichos productos nacionales, que prácticamente desde el inicio de la ocupación española de América fue tenido en cuenta por los conquistadores, y que fue comercializado en su mayor volumen durante la etapa virreinal, desde los puertos rioplatenses de Montevideo y Buenos Aires, fue la pluma de avestruz --y eventualmente de otras aves--, conjuntamente con sus derivados fabricados, como es el caso de los plumeros para el uso en la limpieza de las habitaciones, y el de los penachos, empleados generalmente como elemento de adorno en sombreros y vestidos femeninos. Además de estos usos utilitarios y ornamentales que de las plumas se realizaban, se pudieron establecer otros más. Los cuales vieron la luz tras largas lecturas, principalmente de libros y cuadernos de viajeros que recorrieron la Patagonia argentina y chilena durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Detectándose que esta ave y sus huevos eran asimismo consumido como alimento, tanto por los indígenas como por los gauchos; también se extraía una sustancia medicinal digestiva Ilamada pepsina y con la piel del buche se realizaban sacos para contener sal, tabaco y otras pertenencias menores de los pobladores.
No obstante, y pese a la particular impronta que le otorgaban a la vida doméstica y hasta de status social, son muy escasas, por no decir nulas, las investigaciones realizadas en pos de describir cuales eran las vías, tanto extractivas como comerciales, por las que circulaban estos productos avícolas. Ni siquiera aparecen referencias, en varios de los mejores escritos realizados sobre las actividades industriales existentes dentro de los límites del virreinato rioplatense. (1)
Así, ante la dificultad de encontrar bibliografía y fuentes específicas sobre el tema, su reconstrucción se intentará llevar a cabo a través de la lectura de los Diarios de Viajeros, de Actas Capitulares, de archivos aduaneros, etc., además de textos bibliográficos generales sobre la conquista de América y otros referidos particularmente a cuestiones ligadas a las esferas de lo económico y lo comercial.
Por consiguiente, el presente trabajo intentara mostrar dos aspectos tenidos como esenciales al momento de iniciar las investigaciones, uno es el relacionado al comercio (al que llamaré Fase Comercialización) tamo interno como exterior de las plumas de avestruces, y el otro trata sobre el paso inmediatamente anterior a la comercialización del producto, es decir, su obtención (Fase Extractiva). Sin embargo, y a raíz de que estos dos temas tienen un carácter fuertemente interrelacional, el tratamiento que se hará de ellos no será uno independientemente del otro, cual compartimentos estancos, sino todo lo contrario, amalgamando ambos aspectos a fin de resaltar su unión como elemento clave en la dilucidación de la cuestión.
En la Fase extractiva, se mostrará cómo se obtenían las plumas. La Fase comercialización, persigue desandar el derrotero de las plumas de avestruces y sus productos manufacturados no sólo en Pampa y Patagonia, sino también en la ciudad de Buenos Aires y en la región --que en ocasiones hacía las veces de diques de contención y que en otras favorecía el contacto intercultural-- que limitaba los territorios ocupados por los españoles y criollos y los espacios geográficos habitados por las diversas etnias autóctonas, durante la época virreinal. Región esta que recibe comúnmente el nombre de frontera, y que, además, los productos plumíferos también eran comercializados hacia el exterior del Virreinato del Río de la Plata, especialmente desde el puerto de Montevideo. No sólo a España y sus colonias americanas, como sería dable suponer gracias a las medidas monopólicas establecidas por la Corona española, sino, además, a numerosos sitios del planeta. Señalándose, para completar la información, cuáles eran estos destinos finales no--hispanos.
Otra cuestión que es importante notar es la referida al marco temporal del trabajo: si bien la Fase extractiva y la de comercialización interna pueden comprender siglos, la que estudia la cuestión del comercio exterior, fue acotada sólo a los años finales del Virreinato del Río de la Plata. Esta división temporal se planteó así en pos de poder alcanzar una mayor claridad y encuadre al desarrollo de este último tema en particular.
Pero, al momento mismo de iniciar las investigaciones surgieron las siguientes preguntas: ¿Cuáles eran los territorios que comprendían la frontera?, ¿Cuáles eran los dominios exclusivos de los pueblos indígenas?, ¿Cuáles eran los que estaban bajo poder de los conquistadores españoles, y qué abarcaba la campaña bonaerense? Estas preguntas deben responderse pues de lo contrario complican en demasía, el poder llegar a una conclusión satisfactoria de los objetivos planteados. Por lo tanto, ante esta serie de interrogantes, es menester ejecutar un paso previo. Determinar cuáles eran los límites virreinales y cuáles los bonaerenses y que comprendía la frontera.
Los límites virreinales y bonaerenses
En primer término hay que decir que la línea limítrofe sur del Virreinato del Río de la Plata --que en realidad no era una línea sino una franja de territorio de ancho variable-- comprendía el norte de la provincia de Buenos Aires, el sur de la provincia de Córdoba, el sur de la provincia de San Luis y el centro-sur de la provincia de Mendoza, todas estas ubicadas dentro de las fronteras actuales de Argentina, y el sector centrosur de Chile, llegando su acotamiento final hasta las ciudades de Concepción y Valdivia. Quedando los dominios exclusivamente en manos indígenas circunscriptos a las regiones ubicadas desde el norte patagónico (tanto chileno como argentino) hasta el Estrecho de Magallanes, y a la región pampeana, en Argentina.
Es decir que, lo que a partir de 1776 sería el Virreinato del Río de la Plata, en su punto más austral comprendía toda una franja de tierras casi recta, que iban desde el Río de la Plata hasta la cordillera de los Andes. En un documento del siglo XVIII cuya redacción es anónima, enviado desde Montevideo al Rey de España, se pone de manifiesto que efectivamente el territorio comprendía desde la ciudad de Buenos Aires hacia el occidente hasta la Cordillera de los Andes, con una extensión de aproximadamente 300 leguas. (2)
Paralelamente y desprendiéndose del detalle de los límites virreinales, puede establecerse la extensión areal que otrora poseía la actual provincia de Buenos Aires. Sólo comprendía unos pocos kilómetros al sur de la ciudad-puerto de Buenos Aires, llegando su fluctuante límite extremo sur como máximo al río Salado. Mientras que el resto de la provincia, formaba parte de las comarcas dominadas por diferentes etnias autóctonas. A esta región del centro-sur bonaerense y parte de la moderna provincia de La Pampa, se la conocía comúnmente en aquella época --y aún hoy-- como las Pampas. Pero, no sólo la región pampeana constituía territorio indígena, Patagonia también lo era.
La Frontera
Entre ambos dominios territoriales se encontraba no una línea divisoria sino una región, una franja intermedia de dimensión kilométrica variable ocupada alternada e indistintamente por indígenas y blancos. Esta porción de terrenos es la frontera. En ella, el intercambio entre ambos mundos era continuo, y no sólo de artículos materiales, sino también conductales y culturales. Pudiendo afirmarse que la vida en esta región, que durante muchos años se la llamó incorrectamente desierto, presentaba los más variados aspectos; no siendo estos solamente comerciales sino que además se daban casi en forma constante acciones militares y guerreras. Ya sea que se trataran de manifestaciones violentas o pacificas sus orígenes podían ser, y en la práctica así lo eran, unos de índole exclusivamente indígenas (como los malones o malocas) y otros derivados de las relaciones que estos guardaban con los cristianos, no sólo de los que vivían en el interior de los territorios de la Patagonia y Pampa argentinas, sino también, de los que habitaban más allá de la cordillera de los Andes, en Chile. No obstante, no debe encasillarse las relaciones interétnicas, en la simple idea maniquea de que estas estaban sujetas a duplas como paz-guerra o relaciones comerciales amistosas-malones, etc., sino que en realidad hay que verlo como la articulación de todos estos elementos, conformantes de la vida fronteriza. Para ampliar la idea, de la importancia de la frontera, como elemento de interacción, valga lo indicado por Carlos Mayo:
... no fue solo una experiencia militar ni se redujo, tampoco, a un flujo comercial y un proceso de aculturación, también fue una experiencia de vida y como tal operó, entre otras cosas, como alternativa abierta a la desesperación, al descontento y la nostalgia. La frontera no fue solo el borde exterior de la colonización, sino también un lugar de encuentro, un mundo abierto a la seducción y a la libertad del otro, los oprimidos. La frontera fue para algunos una línea que había que cruzar, una válvula de escape no ya para las tensiones sociales, como quería Frederick Jackson Turner, sino para las tensiones existenciales ... (3)
La Fase Extractiva
El avestruz: su caza y usos
Tanto la zona fronteriza como la propiamente indígena, además de haber sido importantes nodos económicos (como veremos más adelante), estaban pobladas por gran cantidad de animales domesticados algunos y salvajes en su mayoría, como vacas, venados, ovejas, caballos, avestruces. Todas estas especies animales, y muchas otras más, aparecen notadas por ejemplo en el diario de viaje del Padre José Cardiel. (4)
Adentrémonos ahora más específicamente en la cuestión que interesa al presente trabajo: el avestruz. Se puede afirmar que en Patagonia existen numerosas variedades, pero sólo interesan a éste trabajo, en función de ser productoras de excelentes plumas, dos de ellas, una es el Rhoea o Ñandú, la otra es el Struthio o avestruz propiamente dicho. El ñandú, exclusivo de América del Sur y sin parentesco con el avestruz africano, mide aproximadamente un metro y medio de altura, su plumaje en general es gris excepto el cuello y pecho que son negros, su carne es sabrosa cuando el ave tiene unos nueve meses de vida, y son también comestibles sus huevos. Sus plumas de tonalidad grisácea, no tenían en la época virreinal mayor uso que para la fabricación de plumeros. Por su parte, el avestruz africano, es mucho más alto que el ñandú, llegando a los dos metros y medio de alzada, sus plumas son grandes, lacias en su casi total extensión, terminando encrespadas, y colgando con largas y flojas barbillas sedosas. El gran producto de esta especie, más allá de su nada despreciable carne, es la pluma, utilizada esencialmente para realizar adornos, ya que el macho es de color negro azabache en el lomo, con las alas y cola de un blanco brillante, en cambio la hembra es de color gris pardo, más oscuro hacia la cola y alas.
El avestruz, el choique y el ñandú (en adelante se usarán estos tres términos indistintamente) cumplieron un rol muy importante en la subsistencia fronteriza, además de constituirse un medio económico para los comerciantes afincados en ambos puertos rioplatenses, a raíz de la obtención de tal vez no excelentes dividendos, pero sí al menos buenos o muy buenos. Si bien el comercio de los variados productos que del avestruz se conseguían podía efectuarse a cambio de dinero contante y sonante, también se realizaba a través de un más común y efectivo medio: el trueque. Este último modo de comercialización era para pulperos, gauchos, tropas que cruzaban hacia los territorios indígenas y para los propios indígenas, muy beneficioso y coadyuvaba a mantener cierto nivel de paz en las regiones aledañas a la frontera.
La caza del avestruz
Para mostrar cómo se realizaba la caza del avestruz, más que un análisis detallado de la manera en que los indígenas y gauchos llevaban a cabo esta actividad, lo que se hará será recurrir a los dichos aparecidos en los propios documentos fontanales. Entre las fuentes más importantes y veraces, con las que el lector puede encontrarse, aparecen los famosos Diarios de Viajeros. A partir de estos, se transcribirán los datos más indicativos y descriptivos que se hallaron sobre la cuestión. Uno de los más vívidos e impresionantes párrafos escritos sobre la caza puede encontrarse en la obra de Alfred Ebelot, Relatos de Frontera, en la que puede leerse el siguiente fragmento:
No es rara la caza de pelo y pluma. Está el venado: está el ñandú, variedad poco apreciable de avestruz ... La caza que hacen de ellos los indios es muy apasionante. Centenares de jinetes, formando un circulo de varias leguas, se encarga de ojear hacia un punto...
NOTE: All illustrations and photos
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