Editor: Octavio Paz 1914-1998: Octavio Paz fue a lo largo de su vida un infatigable colaborador, animador y editor de revistas, ya que veía en ellas el espacio idóneo para el debate intelectual. Guillermo Sheridan visita en este ensayo las revistas que Paz animó, desde la juvenil Barandal, editada junto a sus compañeros de generación de San Ildefonso, hasta la consagrada Vuelta, pasando por El Hijo Pródigo, Taller y la indispensable Plural.
Publication:
Letras Libres
Publication Date: 01-DEC-06 |
Format: Online Delivery: Immediate Online Access |
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Full Article Title: Editor: Octavio Paz 1914-1998: Octavio Paz fue a lo largo de su vida un infatigable colaborador, animador y editor de revistas, ya que veía en ellas el espacio idóneo para el debate intelectual. Guillermo Sheridan visita en este ensayo las revistas que Paz animó, desde la juvenil Barandal, editada junto a sus compañeros de generación de San Ildefonso, hasta la consagrada Vuelta, pasando por El Hijo Pródigo, Taller y la indispensable Plural.(Ensayo crítico) |
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Article Excerpt Para H.B.
Ha sido el gran escritor, de acuerdo, y también --aunque tal vez no guste la palabra-- nuestro pedagogo por excelencia: nos ha forzado a abandonar el barrio y sus lunas caseras, nos ha colocado en la plaza del mundo, nos ha obligado a leer --desde un poeta chino a un soneto desatendido de Lope de Vega--, nos ha convencido de que el ombligo no es tan interesante, nos ha enseñado que la cautela es el peor aliado del escritor, que la libertad debe ser el pan nuestro de cada día, el alimento de la aventura artística.
Alejandro Rossi "Borrador de un elogio" [a Octavio Paz].
Una revista literaria es una forma singular de escritura colectiva. Se redacta al interior de cada número y, al mismo tiempo, en diálogo con el número anterior y con el que habrá de venir. Con voraz dialéctica, las revistas además eslabonan otras revistas, afines o adversas, y los libros y desde luego a las generaciones de escritores. No hay entre nosotros hispanoamericanos una estafeta generacional de valía que no suponga una revista. Por lo mismo, la más verdadera y reconcentrada historia de la literatura moderna en español está en esos híbridos, brújula y escollo a la vez, hilo y laberinto, pitonisa y enterrador. Las revistas le otorgan esqueleto a la continuidad y razones a las rupturas; pontífices, hacen puentes de papel; obligan a la curiosidad y al diálogo, civilizan la inteligencia, orillan a asumir responsabilidades críticas y morales, su urgencia secuencial vacuna contra la indolencia y la soberbia. Las revistas contienen el flujo del día fugaz (hemeros) y a la vez lo fijan, cada hoja de una buena revista es hoja de calendario. Son la línea en que se unen el augurio y la recapacitación, el escaparate y la sala de juicio, la tribuna del debate y la oficina de actas. Son el termómetro más objetivo y confiable de la salud de una cultura. La hemeroteca en lengua española constituye una tradición literaria de la que podemos jactarnos sin excesivos titubeos.
Esa tradición está profundamente marcada, en el siglo xx mexicano, por Octavio Paz. Imposible explicar su idea de revista mejor que él mismo. En su juventud, esa idea más o menos precisa fue puesta en práctica en un ejercicio editorial que se inició en 1931 con Barandal y continuó hasta 1943 con El Hijo Pródigo (1943-1946). Cuando fundó Vuelta en 1976, luego de haber vivido el avasallamiento de Plural (1971-1976) a manos de un presidente histérico --y de la resultante conciencia de la precariedad de una revista crítica en México--, celebró cada aniversario de Vuelta con algunos escritos en los que, entre otros asuntos, explicó su quehacer de editor. Los veremos adelante. Hay en ellos una constancia en su idea de revista, tarea que ejerció prácticamente a la par de su vida de poeta.
CONCIENCIA, CONFLUENCIA, INDEPENDENCIA
No podría ser de otro modo, pues la formación literaria de Paz se inició y se atizó en ese prodigioso revistero que fue la década de los treintas. Una edad de oro hemerográfica en la que imaginación e innovación se daban la mano con un sabroso desparpajo y un formidable empuje que, lejos de acompañar a la modernidad, la fundaba. En la preparatoria leyó a las mexicanas Ulises (1928) y Contemporáneos (1928-1932) y a las españolas Cruz y Raya (1933) y Revista de Occidente 0923). Y gastadas por el paso de mano en mano, tuvo entre las suyas otras revistas míticas como Sur (1931), Caballo verde para la poesía (1933) o Los cuatro vientos (1933). El haberse criado en esa tradición tuvo que predisponerlo a una vocación de editar revistas que guardaría toda su vida. Sabía que "la historia de la literatura moderna, en Europa y en América, se confunde muchas veces con las de las revistas literarias". (1) Esta voluntad se resume en el tipo de literatura para el que se necesitan las revistas, la literatura capaz de "invención verbal y reflexión sobre esa invención, creación de otros mundos y crítica de este mundo", como abrevia en el primer número de Vuelta (noviembre de 1976).
Heredero de esa tradición, Paz cumplió desde los diecisiete años de edad con el rito de pasaje que exigía trasladar la iniciación a la imprenta generacional: "Siempre que un grupo de jóvenes escritores se juntan, quieren modificar al mundo, quieren llegar al cielo, quieren defender el infierno, y lo único que se les ocurre es fundar una revista". (2) Ya he contado con detalle la historia de esas primeras publicaciones en mi Poeta con paisaje, ensayos sobre la vida de Octavio Paz (ERA, 2004). Son las adolescentes Barandal (1-7, agosto de 1931 a marzo de 1932) y Cuadernos del Valle de México (1-2, septiembre de 1933 y enero de 1934), sonrientes y solemnes catálogos de balbuceos poéticos e indigestas lecturas teóricas, y la juvenil Taller (1-12, diciembre de 1938 a febrero...
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