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...Divina Majestad, tan dichoso como deseado, comenzaron a anunciar como sus precursores algunos pequeños dolores que la reina nuestra señora sintió el Jueves Santo, siete de abril, y habiendo cesado, recibió su majestad el Santísimo Sacramento, y asistió a todos los oficios con que la Iglesia celebra su divina institución, y al acto del lavatorio, vestuario y comida de los doce pobres, que su majestad ejercitó con su acostumbrada piedad y devoción, y después oyó el Mandato en la capilla real, y se puso a una ventana a ver pasar las procesiones de los deciplinantes, y se volvió a la capilla y oyó el oficio de las Tinieblas. [50]
[1. La reina nuestra señora, qué hizo el día antes de su parto.] (3) El viernes siguiente, que fue el día de la Cruz, asistió su majestad en los oficios y hechos tan piadosos, y saludables ejercicios. El mesmo día en la tarde la volvieron los dolores tan vivos, y la comenzaron apretar, de manera que obligaron a doña Catalina de Zúñiga y Sandoval, condesa de Lemos, su camarera mayor, a mandar que la comadre, que había días que estaba en palacio, viniese al aposento de su majestad, y avisar al rey nuestro señor, al duque de Lerma y al duque de Sesa, mayordomo mayor, para proveer en todo lo que conviniese, el cual luego ordenó que viniesen los médicos. [51]
Este aviso halló al rey nuestro señor en su capilla, oyendo los maitines desde su balcón, y pareciendo que los dolores apretaban y se acercaba el parto, y que el oficio se acababa, envió a mandar a don Álvaro de Carvajal que se detuviese la capilla hasta que otra cosa se ordenase; y sabiendo que eran acabados, le envió a llamar, y mandó que se hiciesen las devociones acostumbradas en tales ocasiones; y comenzando los maitines de la Natividad de Nuestro Señor, al primer noturno, estando en la primera lección, que serían las nueve y tres cuartos antes de la media noche, algo más, salió la alegre y tan deseada nueva de que Nuestro Señor había sido servido de alumbrar a la reina nuestra señora de un príncipe; [Alumbramiento felicísimo de la reina nuestra señora, del príncipe nuestro señor.] con que en un momento se comenzó a regocijar el palacio real y el duque de Lerma envió el aviso a todos los grandes, presidentes, y del Consejo de Estado, y otras casas particulares y a los embajadores. Y juzgando todos que Dios por su misericordia hacía tan gran bien y tanta gracia a estos reinos, por los méritos de rey tan pío y cristiano, concurrió tanta gente de todas condiciones, que fue muestra bien cierta del general contento que se recibió; porque cuando llegó el aviso, que su majestad quería bajar a la capilla a [52] dar a Dios públicas gracias por esta merced, todo estaba lleno de gente, y la capilla real no cesó en los maitines de la Natividad, y cuando llegó al Te Deum Laudamus, paró hasta que llegase el rey.
Estando las guardas en su lugar, y como se ha dicho, el palacio real lleno de gente, bajó el rey acompañado de Victorio Amadeo, príncipe de Piamonte, y Filiberto Manuel, gran prior de Castilla de la Orden de San Juan, sus sobrinos, y de los grandes, de los del Consejo de Estado y Guerra, de sus mayordomos y caballeros de la Cámara, y otros muchos, y fue recibido en la capilla con mucha música de instrumentos; y habiéndose su majestad hincado de rodillas, el coro comenzó el hacimiento de gracias, cantando con gran solenidad el cántico de Te Deum Laudamus.
Entre las personas que habían acudido a palacio, fue don Diego Sarmiento de Acuña, del Consejo de Hacienda y corregidor de [53] Valladolid, y yendo a la iglesia Mayor, llevó la nueva al obispo, que le halló con sus capitulares, a tiempo que se habían acabado los maitines; y luego se ordenó que en todas las iglesias se hiciese la primera demostración, y se dieron gracias a Dios; y el estruendo de los repiques y campanas a tal hora, y en día que la Santa Iglesia celebra el triunfo de la Santísima Cruz, en punto que los oficios fúnebres en todas partes estaban acabados, y cuando católicamente se cree que Nuestro Salvador había bajado a sacar aquellas santas almas que tanto habían aguardado la deseada hora, dio que pensar al pueblo, que aún estaba inorante de la dichosa y felicísima causa; por lo cual, y porque el nacimiento del Católico y [54] Prudente rey don Felipe II fue el año de mil y quinientos y veinte y siete, y por haber nacido este hijo al rey nuestro señor don Felipe III, a los veinte y siete años de su edad, y haber otros veinte y siete que en su serenísima casa, con haber tantos príncipes della, no ha nacido príncipe varón, no tendrán para qué cansarse los astrólogos en levantar otras figuras, ni hacer otras consideraciones, pues de éstas se puede, justísimamente, augurar que este dichoso nacimiento ha de ser para grandísimo servicio de Dios, exaltación de su Iglesia y bien de los reinos y estados desta Corona.
Llegó D. Juan Bautista de Acevedo, obispo de Valladolid, inquisidor general, cuando en la capilla real se acababa el Te Deum Laudamus, y echó la bendición episcopal, con las oraciones de la Santísima Trinidad y de gracias, añadiendo en ellas Principem Nostrum, palabras que acrecentaron el entrañable regocijo y alegría en el ánimo de su majestad y de todos; y acabada la bendición, don Álvaro de Carvajal dio a su majestad la norabuena de su parte y de la capilla, y le suplicó diese licencia para que todos los della le besasen la mano, y su majestad la concedió, gratísimamente, y se abrieron las cortinas, y tras ellas se la besaron, indiferentemente, más de cuatrocientos ministros y criados, y otros que habían concurrido, y a todos recibió con majestad y alegre semblante, y se retiró casi a media noche, y la gente se fue a sus casas, hallando las calles con muchas luminarias que voluntariamente, por tan alegre novedad, pusieron. [55]
2. El rey va a visitar la santa casa de Nuestra Señora de San Llorente.
El siguiente día, víspera de Pascua, fue cosa notable la general alegría con que en toda la Corte unos a otros se saludaban y daban la norabuena de tan bienaventurado suceso; y como el corregidor mandó cesar los oficios mecánicos, no se vía sino contento y placer y dar gracias a Dios por tanto bien. Y reconociendo su majestad que le consiguió por la intercesión de la Sacratísima Virgen, su madre, salió este día a las cinco de la tarde vestido de blanco a caballo, y de la misma manera casi toda la Corte, y en particular, el duque de Lerma, el marqués de Velada, mayordomo [56] mayor, y todos los mayordomos y caballeros de la Cámara, y con gran acompañamiento de los grandes y de toda la caballería, con muchas y diversas galas, fue a visitar la santa casa de Nuestra Señora de San Llorente, y conforme a su acostumbrada piedad, dalla gracias por tanto bien.
[El regimiento de Valladolid derrama dinero.] Estaba el corregidor D. Diego Sarmiento de Acuña, con el regimiento de Valladolid, en las ventanas de la Casa de la ciudad, que tenía colgadas de paños de seda, tocando muchos menestriles, trompetas y atabales; y al tiempo que su majestad iba entrando en la Plaza Mayor, se comenzó a derramar mucha moneda de plata desde las ventanas, siendo cosa de ver la grita y barahúnda del pueblo por tomalla; y pudo ser mucha, aunque la cantidad no se pudo averiguar, porque duró el esparcilla hasta que su majestad volvió de las completas que su capilla le dijo en Nuestra Señora; y el corregidor, autor desta demostración, empleada en tan conviniente ocasión, mandó que esta noche se pusiesen luminarias en todas las ventanas de las plazas y calles, con las cuales, y las diversas músicas que hubo en muchas partes, estuvo la ciudad muy regocijada con gran concurso de gente, y tan clara que parecía de día, y los vecinos lo hicieron siempre con tan interno amor, que fueron poco necesarias las órdenes del corregidor.
El duque de Lerma avisó luego esta nueva al Emperador, porque siendo tan dichosa para su serenísima casa y aumento della, se había de alegrar, y ansí mismo al señor archiduque [57] Alberto, y a la señora infanta doña Isabel, a Flandes, y a la señora Archiduquesa María, madre de la reina nuestra señora. [Avísase a todas partes del nacimiento de su alteza.] Y después su majestad lo mandó avisar más de propósito, y al Sacro Colegio de los cardenales, que estaban en el cónclave para dar sucesor al pontífice Clemente VIII, que murió a cuatro de marzo, y ansí mismo a todos sus reinos y estados, visorreyes, embajadores y ministros, por los Consejos a quien tocaba, conforme a la costumbre, con advertencia que las principales fiestas y alegrías fuesen las gracias a Dios Nuestro Señor, por tanto bien.
3. Los consejos van a besar la mano al rey.
[Conde de Miranda vuelve del monasterio de Retuerta a besar la mano al rey.] El día de Pascua, alegre por todas razones, fueron los Consejos a dar a su majestad la norabuena, y fue el primero el conde de Miranda, del Consejo de Estado, que hallándole la nueva en el abadía de Retuerta, adonde se había retirado a tener la [58] Semana Santa, vino el día antes, y con plumas y galas se fue a palacio y besó la mano al rey, y ahora, como presidente del Consejo, llevó consigo al Licenciado Alonso Núñez de Bohórquez, de la Cámara y de la Santa y, General Inquisición; el Licenciado Tejada; el Dotor D. Alonso Ágreda, caballero del hábito de Santiago y de la Cámara; el Licenciado Francisco de Albornoz, caballero del hábito de Santiago y del Consejo de Cruzada; el Licenciado D. Diego López de Ayala, caballero del hábito de Alcántara; el Licenciado [59] don Diego Fernando de Alarcón; [Consejo Real.] el Licenciado don Francisco de Contreras, caballero del hábito de Santiago y del Consejo de Hacienda; el Licenciado D. Juan de Ocón, caballero del hábito de Calatrava; el Licenciado don Álvaro de Benavides, [60] caballero del hábito de Santiago y de la Cámara; el Licenciado Alonso Ramírez de Prado, y del Consejo de Hacienda; el Licenciado don Fernando Carrillo, caballero del hábito de Santiago y de la Cámara; el Licenciado don Francisco Mena de Barrionuevo; el Licenciado Gonzalo de Aponte de Quiñones; el Licenciado Juan Aldrete, caballero del hábito de Alcántara; el Licenciado D. Diego [61] de Aldrete; el Licenciado D. García de Medrano, caballero del hábito de Santiago; el Licenciado Gil Ramírez de Arellano; el Dotor Juan de la Cruz; el Dotor Antonio Bonal; el Licenciado Juan Fernández de...
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