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...solo para el país andino, sino evidentemente para toda la región sudamericana. A ello se ha añadido el hecho de que en Chile, con apenas semanas de diferencia, le ha tocado a una mujer, la socialista Michelle Bachelet, asumir la máxima magistratura de su país, dando continuidad a los gobiernos de la Concertaeión que se han hecho cargo de la administración gubernamental desde el retorno a la democracia, creando un modelo de extraordinaria estabilidad política y crecimiento económico que tiene muy pocos precedentes en toda la zona.
Ambos mandatarios han tomado conciencia inmediata de que el inicio de su gestión, en forma casi simultánea, abre un nuevo escenario que permite pensar que esta vez sí están dadas las condiciones para producir el acercamiento necesario entre ambos países para cambiar las circunstancias que hasta el día de hoy han impedido dar solución a la reivindicación boliviana de recuperar la cualidad marítima que tuvo antes de la Guerra del Pacífico.
Aunque no hay razones objetivas ni históricas que puedan sustentar la anterior afirmación, en el sentido de que dos gobernantes de tendencia izquierdista, más popular en el caso del boliviano y más práctico en el de su colega chilena, tienen más posibilidades de avanzar a un entendimiento, es de imaginar al menos que el fuerte apoyo electoral recibido por ambos en su respectivo ascenso al poder puede darles la legitimidad imprescindible para acometer un proceso de negociación que, si se llega a dar, será seguramente largo y difícil, no solo porque las soluciones al tema del enclaustramiento boliviano son complejas, sino también porque esas soluciones deberán contar con el respaldo mayoritario de la opinión pública en ambas naciones.
Para poder avanzar, lo primero es reabrir el camino de la diplomacia.
Por el momento, el gobierno boliviano, tal como ha anunciado el Cónsul General de Bolivia en Santiago, José Enrique Pinelo, parece estar dispuesto a dar un paso sustancial de acercamiento: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas desde el año 1978 por el Presidente boliviano Hugo Banzer, como consecuencia del estancamiento producido en las negociaciones llevadas a cabo por su gobierno y el de Augusto Pinochet, en Chile, que habían abierto enormes expectativas para una solución definitiva al problema marítimo boliviano.
Este es un paso arriesgado, ni duda cabe, porque en Bolivia ha quedado inculcado en la ciudadanía el concepto de que las relaciones no se restablecerían si no se daba previamente...
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