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Article Excerpt El título de esta charla lo tomé del poema: Autorretrato de Rosario Castellanos, una de las mexicanas más inteligentes, sensibles y comprometidas que han existido. (Castellanos, 1984).
Pero mi intervención quiero dedicarla a otra mujer que me maravilló por su conocimiento, sencillez, inteligencia y compromiso: la Dra. en Filosofía Graciela Hierro quien falleció hace unas cuantas semanas.
Esta es una historia de mujeres que sin duda alguna han sido felices por instantes, pero que también han sufrido y aunque eso resulta lógico además de entendible, molesta que haya sido tanto su sufrimiento pero por encima de todo indigna saber que pudo haberse evitado si las hubiésemos preparado para ello; no obstante, preocupa que la fuerza de la costumbre continúe vigente, lo cual significa que si no hacemos algo al respecto las cosas continuarán, ad nausseum.
Si tuviera que contar esto a manera de cuento comenzaría diciendo:
Hace muchos, muchos años, en todo el mundo la mujer era tan poderosa como el varón, pero algo ocurrió y dejó de serio, es más, ahora ya lo olvidó; todo cuanto poseía se extravió en la noche de los tiempos. De seguro los hombres al darse cuenta de cuán poderosas eran sus compañeras decidieron destruir a las diosas, para substituirlas por deidades masculinas. Resulta curioso pero en los ranchos se recomendaba matarle la yegua a la recién casada para que caminara al lado del esposo, quien viajaba a caballo.
Ejemplos en torno a la desaparición de las deidades femeninas abundan en el lejano oriente pero de seguro nos resultan más familiares aquellos contenidos en la Biblia. Dice en el Génesis I-XXVII que en el sexto día y después de haber creado a los animales: creó, pues dios al hombre a imagen suya: a imagen de dios le creó; creólos varón y hembra. (Sagrada Biblia, 1959). Resulta interesante cómo ese dios formó al hombre y a la mujer al mismo tiempo; esta descripción resplandece de igualdad y equidad, sin embargo, en Génesis II- VII, se olvida lo anterior y se afirma: formó, pues, el señor dios al hombre de lodo de la tierra, e inspiróle en el rostro un soplo o espíritu de vida, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional. (Sagrada Biblia, 1959).
En los siguientes versículos se narra cómo ese dios creó a los animales, pero conmovido al ver que Adán estaba solo lo durmió e hizo lo que se narra en Génesis II-XXII: y de la costilla aquella que había sacado de Adán, formó el señor dios una mujer: la cual puso delante de Adán. (Sagrada Biblia, 1959). Esta segunda historia coloca a la mujer como descendiente del hombre, algo así como un ser de segunda categoría y en el mejor de los casos, eterna acompañante.
Uno de los más brillantes antropólogos, Sir James George Frazer, afirma que el segundo relato proviene de un documento Jahvista de los siglos VIII ó IX antes de nuestra era y agrega: lo tardío de su creación y la manera irregular y poco digna en que ocurre -a partir de un trozo de su amo y señor, después de haber sido creados los animales inferiores de manera decente y regular -, bastan para poner de relieve la mala opinión que el autor tenía de la naturaleza femenina; y en lo que sigue, su misoginia, como en justicia podemos llamarla, se intensifica todavía más, cuando atribuye las desdichas y tristezas de la especie humana a la crédula insensatez y los apetitos desenfrenados de su primera madre. (Frazer, 1986).
En la muy conocida mitología griega destacan, por su importancia, un par de deidades: la primera, Palas Atenea, diosa de la sabiduría; impresiona tal distinción sobre todo cuando hablamos de los griegos para los cuales el conocimiento era algo fundamental, sin embargo,...
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