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Article Excerpt Nadie puede sobrevivir, sin perderse, a la destrucción de su mundo cultural.
Luis Villoro
Un fragmento de la Fábula 33 de Esopo nos conservó un viejo refrán, que reza así: "Idoø Ródos, idoø kaì tò pédema". La línea entusiasmó a Erasmo, quien la vertió al sucinto latín: "Hic Rodus, hic saltus". Según el renacentista, se arrojaba la frase contra los presumidos que fanfarroneaban hazañas en tierras bárbaras pero que mostraban poca valentía entre los suyos: "Aquí es Rodas, aquí es el salto", significando: "En este sitio debes revelar tus habilidades guerreras, no solamente allá, donde escasean los testigos." Aquí es Rodas, aquí se presentan los retos y problemas ... alas!: aquí ha de lucirse la habilidad, la capacidad resolutiva.
En los ámbitos de la filosofía política y la filosofía de la cultura, el Rodas más atingente de los últimos lustros se llama, mal que bien, multiculturalismo. Frente a ese coloso problemático, el filósofo, el pensador, el político deben mostrar sus dotes con suficiencia.
Un precursor del fenómeno multicultural es el espíritu constitutivo de Estados Unidos. El melting pot estadounidense funciona como un cazo donde coinciden y se derriten diferentes culturas: los individuos se despiden de una cantidad importante de premisas culturales hasta ese momento propias, y generan un ambiente social y cultural nuevo, genuino: original y originario.
El término multiculturalismo busca expresar una realidad diferente. Se acuñó en Suiza hacia 1957 pero se popularizó en los sesenta. Desde el principio, multiculturalismo ha intentado significar el convivio de diferentes tradiciones culturales en un contexto determinado--el político, por ejemplo, aunque la metáfora puede aplicarse a otros ámbitos, como el artístico o incluso el deportivo. Se etiquetan como mülticulturales las sociedades abiertas a las que acuden, por cualesquiera razones, números significativamente altos de inmigrantes. Lo propio de éstas radica en que, a diferencia del melting pot, las tradiciones conviven sin derretirse, sin fundirse en una nueva. En este sentido, consideramos a Estados Unidos un país multicultural en virtud de las recientes oleadas de Asiatics e Hispanics, no a fuer de los irlandeses, alemanes o italianos decimonónicos.
En México, la fuerza migratoria es bastante reducida, si se compara con los otros países norteamericanos o los centroeuropeos. A ojo desnudo, parecería que la discusión en torno al multiculturalismo merece poca atención en nuestras latitudes. Sin embargo, una variación de estos fenómenos migratorios centellea en México. No hablaremos aquí de los empresarios expatriados, ni de las colonias extranjeras en nuestras ciudades, ni de las huidas masivas del campo a las urbes, tampoco de las migraciones registradas en el perímetro de una misma ciudad. En México, el problema acucia desde otro mirador: los indígenas. Ellos configuran el Rodas de la filosofía política en México, ellos demandan el salto. Para decirlo en los términos acuñados por Will Kymlicka, México es un Estado multinacional (su diversidad proviene de la incorporación de culturas concentradas en un territorio, que antes tuvieron un gobierno propio), no un Estado multiétnico (cuya diversidad proviene de la inmigración individual y familiar).
Un simposio reciente en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM (1) invita a revisar las ideas de algunos filósofos mexicanos sobre el tema, a manera de mapa para la discusión. Me ceñiré a un pequeño número representativo de autores.
PROBLEMÁTICA NACIONAL
En México, se aborda la problemática, al menos, desde dos frentes. Luis Villoro se preocupa por entender la situación actual a partir de la historia; Bolívar Echeverría y Fernando Salmerón, en cambio, observan los avatares de la modernidad occidental y sus repercusiones en nuestro territorio.
Luis Villoro analiza diferentes estadios de la...
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