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Article Excerpt 19 de septiembre de 2003
Hoy se cumple medio año desde que el régimen de Fidel Castro encarcelara a 75 representantes de la oposición. En las celdas se encuentran más de cuarenta coordinadores del Proyecto Varela, más de veinte periodistas, y también representantes de distintos movimientos prodemocráticos. Todos ellos han sido castigados, en procesos que fueron una mera puesta en escena, a condenas que van de seis a veintiocho años de prisión, y sólo por haber tenido la osadía de expresar una opinión que discrepa de la oficial.
A pesar de ello, la voz de los cubanos que piensan con libertad sigue creciendo, y es una voz que se convierte precisamente en lo que Fidel Castro y su gobierno, con mucha razón, temen. Miles de cubanos han demostrado su valentía firmando el Proyecto Varela, a despecho de la omnipresente policía secreta y a pesar de la propaganda oficial. El Proyecto Varela, que se apoya en la Constitución de Cuba, llama a convocar un referendo sobre la libertad de expresión y de asociación, y pide que se ponga en libertad a los presos políticos, que se permita la libre empresa y se convoque a elecciones libres. No obstante, y en el mejor de los casos, el régimen hace como si el Proyecto Varela y otras iniciativas no existieran, y en el peor de los casos las reprime.
La última ola de confrontaciones, unida a diversos ataques antieuropeos por parte de la representación política de Cuba, no puede considerarse sino como manifestación de debilidad y desesperación. El régimen se está quedando sin aliento tal como se quedaban sin él los gobernantes y funcionarios en los países de detrás de la Cortina de Hierro a fines de los años ochenta. La oposición interna va cobrando fuerza y no ha caído de rodillas ante la redada policial del pasado marzo. Los tiempos cambian, la Revolución y sus líderes envejecen y el régimen sufre cierto nerviosismo. Fidel Castro es muy consciente de que, un buen día, la Revolución morirá con él.
Nadie sabe con precisión lo que sucederá después. Sin embargo, cuanto más claro quede en Bruselas, Washington, México, entre los exiliados y entre los ciudadanos cubanos, que la libertad, la democracia y la prosperidad de Cuba dependen del apoyo que se otorgue a la disidencia en Cuba, tanto mayor será la oportunidad para la futura transición pacífica de la sociedad cubana a la democracia.
El mundo democrático tiene la obligación de apoyar a los representantes de la oposición en la isla, independientemente del tiempo que los estalinistas cubanos duren en el poder. La oposición cubana debe experimentar el mismo apoyo que recibían los representantes de la disidencia política
en la Europa dividida hasta hace poco. Las reacciones de condena y las medidas diplomáticas concretos procedentes de Europa, Iberoamérica y Estados Unidos podrían ser una manera idónea de presión contra el régimen represivo de La Habana.
No puede afirmarse que el embargo estadounidense contra Cuba haya dado el fruto apetecido. Tampoco se puede decir lo mismo de la política europea, que hasta la fecha se ha manifestado cada vez más alerta con respecto al régimen de Cuba. Es preciso dejar de lado las discrepancias transatlánticas relativas al bloqueo de Cuba, y centrarse en el apoyo directo a los disidentes cubanos y a los presos de conciencia y sus familiares. Europa debería manifestar claramente que Fidel Castro es un dictador, y que una dictadura no puede ser el interlocutor de países democráticas mientras no emprenda un proceso de distensión política.
Al mismo tiempo, los países europeos deberían crear el "Fondo democrático cubano" en apoyo a la emergente saciedad civil de Cuba. Dicho Fondo estaría listo para emplearse de inmediato en caso de cambios políticos en la isla.
La reciente experiencia europea de transición pacífica de la dictadura a la democracia, ya se trate del anterior ejemplo de España o posteriormente en los países de la Europa Central, ha servido de inspiración a la oposición cubana. Precisamente por eso, Europa, remitiéndose a sus propias experiencias, no debería vacilar en este momento. Europa está obligada a actuar a causa de su propia historia.
-- VACLAV HAVEL, LECH WALESA, ÁRPÁD GÖNCZ, ex presidentes de la República Checa, Polonia y Hungría
La Habana, 31 de octubre del 2003
Señor Václav Havel, Ex presidente de la República Checa.
Estimado amigo:
Recuerdo con mucha emoción los cortos días que pasé en Praga durante el viaje que hice cuando fui a recibir el Premio Sajarov. Recuerdo el encuentro que ambos tuvimos y la conversación, toda sobre Cuba. Por aquellos días, según me decían, usted estaba muy preocupado, ya que el proceso de elección de un nuevo presidente checo se dilataba. Entre muchos contrastes, para mí ése era otro: un presidente que está preocupado porque no puede dejar el cargo, ya que los que deben elegir no se han puesto de acuerdo para nombrarle relevo. Sin embargo en mi país, como en todos los países que han sido dominados por el comunismo, esos cargos parecen ser vitalicios y la "democracia socialista" siempre garantiza la reelección por unanimidad. Como usted ve, la democracia real tiene "complicaciones", como son las elecciones libres y la existencia de varios candidatos, que el socialismo real supera. En Cuba no hay esos problemas. La Ley Electoral establece un solo candidato por cada plaza de diputado, que además es propuesto como candidato por comisiones de candidatura que están formadas por "organizaciones de masas". Pero lo más llamativo es que el elector sólo tiene oportunidad de votar positivamente, ya que si no, su voto no vale. Al final son contados esos votos positivos, y sepa usted que siempre salen "electos" todos los candidatos únicos, que después siempre eligen a la misma persona como presidente del Consejo de Estado. Creo que en Corea del Norte, como en la antigua Albania, hay un sistema parecido, mucho menos complicado que el que los checos y eslovacos asumieron después de noviembre de 1989.
No olvido tampoco a los amigos checos que me acogieron, ni al cardenal Vlk y al obispo auxiliar Maly. Ambos, durante la época del comunismo, fueron discriminados por no ser simpáticos para el régimen. Después el obispo Maly, quien fue compañero de usted desde la época de aquella luminosa "Carta de los 77", vino de visita a Cuba. Vino para traer aliento a los familiares de "Los Prisioneros de la Primavera de Cuba", que están en la cárcel desde marzo de...
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