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Article Excerpt ADOLFO Y YO NOS CONOCIMOS EN 1976, HACE VEINTINUEVE AÑOS, en el Fondo de Cultura. Entonces él tenía veinticuatro años, casi la mitad de los 53 que hoy tiene, y no había publicado ningún libro. Ahora que comienza a ser académico, cuenta ya con 33 libros--más de uno por año--, es escritor famoso, y es amigo muy apreciado del señor viejo que soy y que le da la bienvenida a esta Academia Mexicana de la Lengua, que se ha vuelto ya uno de mis hábitos.
Sus estudios formales se limitan a la preparatoria y a la licenciatura en Letras Españolas, pasante sin grado. Es pues, como su servidor, autodidacta. Sin embargo, en la Unidad Editorial del Fondo de Cultura, donde trabajó durante veintiocho años, y a partir de 1985 como Gerente Editorial, ganó con creces su doctorado en letras. En su currículum puede verse que, además de libros, artículos y premios, consigna una novedad: consejos editoriales, principalmente en once revistas, a partir de 1972 y hasta hoy. Y estas once son las principales de estos años. Cave Canem, Plural, La Gaceta del FCE, Nexos, La Cultura en México, Gradivia, Vuelta, Imagen Latinoamericana (de Venezuela), Letras Libres, Paréntesis e Istor. Además, es consejero editorial del Instituto Mora y, de octubre de 2000 a enero de 2001, fue editor huésped de la Nouvelle Revue Française, para hacer un dossier-selección, introducción y notas de literatura mexicana contemporánea. En fin, ha traducido, del inglés, francés y portugués, obras de Alain Rey, George Steiner, Paul Wienphael, J.J. Rousseau, Pilles Vigneault, Louis Panabiére y de Gil Vicente. De este último, poeta portugués del siglo XVI, un florido poema picaresco llamado Lamento de María la Parda (Gil Vicente, Lamento de María la Parda, versión libre y epílogo de Adolfo Castañón, Ilustraciones de Roberto Rébora, México, Editorial Aldus, 2000).
Los libros de Adolfo Castañón
Digo la verdad: hasta antes de esta ocasión, creía que Adolfo era exclusivamente un buen cronista de libros, por su excelente Arbitrario de la literatura mexicana, Paseos I (1993), y, en algunos casos, creía que ampliaba sus reseñas de libros en libros como los dedicados a Alfonso Reyes y a Octavio Paz. Luego descubrí la serie de libros en torno a Montaigne, que me gustó mucho. Pero ahora que he recibido la mayor parte de su producción--porque hay algunos agotados--, sé cuánto ha hecho y en cuántos géneros ha trabajado.
Para entender las cosas tengo que ordenarlas, lo cual no es fácil en el presente caso. Por una parte, Adolfo procede por adición, aumentado y corrigiendo los textos de edición en edición, como en el caso de los libros sobre Alfonso Reyes; en tres ediciones--México, Jordi Boldó i Climent, 1968; Bogotá, Tercer Mundo, 1991; México, El Estudio-UNAM, 1997--, cada vez corregidas y aumentadas, y la tercera "ampliada y revisada", lo cual es normal aunque nos exige tenerlas todas o al menos la última. En segundo lugar, Adolfo Castañón no sigue la costumbre normal de encargar al mismo editor las sucesivas ediciones, sino que cada vez los cambia, como ocurre en las tres de Alfonso Reyes, antes citadas; en El reyezuelo, que tiene cinco editores; el Arbitrario, dos; los de Montaigne tienen cinco editores; los Recuerdos de Coyoacán, tres; Tránsito de Octavio Paz, tres, el último, una traducción canadiense de Toronto; Grano de sal, tres, agotadas todas (pues yo recibí una copia xerox); América sintaxis,...
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