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Article Excerpt La relación entre la mujer y el poder público es una relación reciente, pues se supone que la mujer ha sido ajena a los espacios de poden En efecto si se considera únicamente el poder como el acceso a la participación politica a través de plataformas partidistas y pronunciamientos en movimientos sociales las mujeres han sido, históricamente, las grandes ausentes del poder. Este trabajo parte en cambio de una perspectiva diferente. Apoyado en el concepto de género que entiende que toda forma de relación entre los individuos hombres y mujeres es una relación desigual, propone mas bien desentrañar las ligas entre estado y formas de organización familiar como formas de estructuras de poder que se reproducen precisamente, a partir de la organización jerárquica de la familia. Así se trata de entender a la familia, a la ordenación jerárquica que la organiza y en particular al papel de las mujeres dentro de ella como formas de espacios de poder en los que las relaciones entre los individuos están normadas a partir de sus diferencias genéricas en primer lugar.
En efecto, si el proceso de diferenciación entre los géneros, si la construcción de las identidades masculinas y femeninas se han supuesto como procesos naturales, inamovibles y sin variación a través del tiempo, lo que este trabajo supone es precisamente lo contrario. En primer lugar parto de la premisa de que las diferencias genéricas son construidas socioculturalmente de modos diversos en tiempos y espacios que pueden variar. De allí el hecho de haber seleccionado 3 momentos del desarrollo histórico de la sociedad mexicana para tratar de desentrañar la ecuación mujer, poder, familia.
En este sentido me apoyo en el concepto de género según ha sido formulado por Joan Scott en cuanto una relación primaria de poder que se manifiesta, se reproduce y se perpetua en el ordenamiento social.
Vale señalar que esta puntualización de Joan Scott sobre las formas de operar de la construcción de diferencias genéticas, participa en gran medida de dos conceptos básicos de Foucault. En primer lugar el hecho de que las relaciones entre los individuos son relaciones de poder y en segundo lugar que esas relaciones no son relaciones estáticas, inamovibles sino más bien son relaciones cambiantes en perpetuo proceso de replanteamiento y reformulación. El poder es pues omnipresente, es decir se encuentra en todas las formas de relación social, pero en cambio no es omnipotente, pues su carácter mismo de relación social dinámica, histórica, incrustada en el tiempo y en el espacio, y por lo mismo rastreable desde el punto de vista del análisis histórico.
En ese sentido una definición inicial de Género tendría que señalar que por género se entiende la construcción social de la diferencia sexual. Es decir, la diferencia biológica del individuo da lugar a un ordenamiento de poder y de relación entre individuos hombres e individuos mujeres que está construido y reproducido socialmente, sobre la base de esa diferencia. Sin embargo lo más importante de señalar es que es a diferencia no es neutral sino que oculta una profunda desigualdad. La desigualdad entre los individuos se basa en las diferencias biológicas de esos individuos. Es decir, la adscripción de características diferenciadas, con valor desigual a las mujeres y a los hombres, se basa precisamente en su diferencia sexual y paralelamente construye su diferencia social, económica, política, de identidad. Ese es pues el proceso de construcción social de la diferencia sexual, el proceso de diferenciación de género. El sexo existe, el género se construye en un tiempo, en un espacio determinados.
Sin embargo no es esa la única característica del género. La moderna teoría feminista apunta además que el género es un orden binario, excluyente, que ordena y jerarquiza de manera desigual la diferencia sexual construyendo así la diferencia de género como una diferencia binaria.
Lo interesante de señalar a ese respecto es que la diferencia oculta desigualdad. El argumento de que las mujeres son diferentes de los hombres, que en un sentido biológico y también histórico-social es cierto, es sin embargo un argumento que oculta el hecho de que es a diferencia es producto de una relación de carácter social que se ha fraguado en la historia y que esa diferencia no implica equidad, sino que implica desigualdad. Así pues, las relaciones entre individuos con cuerpo de hombre y con cuerpo de mujer son, de entrada, relaciones desequilibradas en donde la balanza del poder está inclinada, y muy inclinada, a...
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