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Article Excerpt El escritor Garry Wills, irlandés católico, ha tocado el tema de la religión en muchos de sus artículos y libros (Papal sin / Structures of deceit, y Why I am a Catholic). Primero como búsqueda de sus raíces, y después como la crítica valiente, franca, inteligente de un hombre de fe ante la jerarquía de su religión, en especial ante el Papa, en una época en que esa jerarquía y esos papas --sobre todo Juan Pablo II-- se han significado contrarios a algunos de los logros más altos del Concilio Vaticano II, a saber: la exaltación y promoción de la colegialidad de los obispos como fuente de la comunicación con Dios; la consulta a los laicos en los temas de doctrina, catequesis y gobierno eclesiástico, para tomar en cuenta sus opiniones, y la incorporación, cada vez más activa e igualitaria, de las mujeres en todas las labores eclesiales. En una palabra, Wills ha denunciado el nuevo autoritarismo papal, que ha venido a postergar la democratización de una Iglesia milenaria que ya había conocido, en sus primeros siglos de existencia, una forma más igualitaria, libre y participativa de vida religiosa.
La conversación con este pensador corre a cargo de Mark Lilla, escritor y periodista neoyorkino, colaborador regular del New York Times, del semanario The New Republic y, desde luego, de Letras Libres.
GARRY WILLS: Son de cuando era monaguillo, de muy pequeño, tanto que apenas podía encender las velas sin ayuda. Eso y la casa de mi abuela. Era una irlandesa católica, madre de diez hijos, aunque casi todos murieron jóvenes. Su casa estaba llena de imágenes Católicas -el Sagrado Corazón, la Virgen María--, y cuando la visitábamos, en la Cuaresma o en otras ocasiones, siempre nos poníamos de rodillas y rezábamos juntos el rosario. Mis otros abuelos no eran católicos, eran ingleses y no irlandeses, y me parecían muy fríos: no era agradable estar con ellos, así que a mí me gustaba ser irlandés. También había muchas monjas y sacerdotes en mi familia extensa. De modo que era una especie de capullo, de tejido muy ceñido.
ML: ¿Cuál era el centro de su vida, en calidad de católico? ¿Era la familia, la parroquia, las escuelas?
GW: Primero fue sin duda la familia. Luego la escuela católica, con las madres dominicas, en Adrien, Míchigan, que pertenecen a una orden muy conocida por ser buenos educadores. Eso le sumó enseguida, a la experiencia en la familia, una dimensión intelectual. Las monjas me alentaban a leer y escribir en una forma en que mi familia nunca me estimuló.
ML: Usted comenzó a prepararse para sacerdote y después decidió dejar los estudios. ¿Nos puede decir por qué pensó en emprender la preparación sacerdotal?
GW: Pasé de las hermanas dominicas a una secundaria de jesuitas, y en aquellos días en la escuela jesuita casi todos los maestros de la secundaria eran seminaristas que estaban formándose para sacerdotes. No se habían ordenado, eran muy jóvenes, muy inteligentes y tenían mucho entusiasmo, y eso era muy impresionante. Eran figuras modelo, no sólo para mí sino casi para todos. Me parecían las personas más dedicadas, menos egoístas, más interesadas en los demás: por eso me metí al seminario.
ML: Desde que se salió de los jesuitas ha escrito mucho sobre la Iglesia y su experiencia personal en ella. Pero al ver la trayectoria de su obra, desde Bare ruined choirs basta su libro más reciente, Why I am a Catholic, sepercibe un cambio de la atención intelectual. Cada vez narra menos aquellas experiencias de la infancia católica. En cambio, la atención se dirige casi en exclusiva al papado. Quiero bacerle varias preguntas al respecto. Primero, en un nivel superficial, ¿cuándo y cómo adquirió un lugar tan central d papado en su interés?
GW: El papado no captó demasiada atención antes del Concilio Vaticano II, la reacción ante ese Concilio, ante los papas viajeros (Paulo VI y Juan Pablo II) y el ingreso del papado en la polémica de la vida católica intelectual. Hasta entonces todos éramos muy dóciles. Y entonces el papado se convirtió más bien en una prueba. La Iglesia que yo viví, en el centro de estudios, en la universidad, realmente no se interesaba en el tema: sólo públicamente había que manifestar ese interés, en el sentido de que el papado ataca la Iglesia en que yo vivo. Y, como la ataca, le impide florecer, en el sentido de que nos niega tener mujeres ministros, o de que está haciendo que ciertos sacerdotes admirables cuelguen los hábitos porque no pueden casarse; está volviendo deshonestos a los sacerdotes porque tienen que repetir como loros la línea del Vaticano sobre temas en los que ya no creen tanto, y está provocando que las escuelas católicas tengan miedo de sus...
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