Sainte-Beuve: el abuelo: Sainte-Beuve, que el año pasado cumplió doscientos años de nacido, es el primer crítico moderno, al ser el primer autor que desarrolló un sentido artístico en su mirada sobre obras ajenas. Prolífico, ciego a veces a sus contemporáneos, bestia negra literaria de Proust, Sainte-Beuve regresa, nos dice Blas Matamoro, en sus vertudes y defectos titánicos.
Publication:
Letras Libres
Publication Date: 01-JAN-05 |
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Full Article Title: Sainte-Beuve: el abuelo: Sainte-Beuve, que el año pasado cumplió doscientos años de nacido, es el primer crítico moderno, al ser el primer autor que desarrolló un sentido artístico en su mirada sobre obras ajenas. Prolífico, ciego a veces a sus contemporáneos, bestia negra literaria de Proust, Sainte-Beuve regresa, nos dice Blas Matamoro, en sus vertudes y defectos titánicos.(Charles-Augustin Sainte-Beuve)(Ensayo crítico)(Biografía) |
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Article Excerpt 1
Con doscientos años cumplidos, Charles-Augustin Sainte-Beuve merece un rescate. Quizá se lo haya inhumado demasiado pronto, sin tener en cuenta que en el mundo de las letras, que es el mundo de la lectura, no hay muerto incapaz de resucitar ni inmortal que no esté en peligro de muerte. Desde luego, teóricos y académicos han hecho lo suyo en estos dos siglos, especialmente al intentar construir una ciencia de la literatura (alemanes de 1930, formalistas rusos y checos, estructuralistas franceses) o al ceder la palabra a ciencias o metas disciplinas consideradas superiores (lingüística, sociología, psicoanálisis) para derivar hacia una primacía de la lectura con la estética de la recepción. La crítica manipulada desde sedes ideológicas, fueran políticas o grupales (razas, sexos, naciones), corrió asimismo sus peculiares riesgos. El abuelo Sainte-Beuve ha decidido volver.
Varias razones hay para el insistente retorno. La primera es que Sainte-Beuve tal vez sea el primer crítico en sentido moderno del término. Hasta entonces había habido teóricos de la poética, doctrinarios de las poéticas y escritores de tendencia que editaban gacetas, mercurios y almanaques. Sainte-Beuve abrió el espacio de la crítica al periodismo, al indefinible público que se supone lector de libros, de cualquier libro, de todos los libros. Atravesó distintas y fuertes corrientes filosóficas y estéticas, desde el neoclasicismo de la Revolución Francesa hasta el positivismo de la República Francesa, la Tercera o la Cuarta. En todo caso, vindicó la primacía del lector en el ejercicio de las letras y, en consecuencia, el carácter de arte --no de ciencia ni de técnica-- de la crítica. En esto, sigue siendo actual y, de alguna manera, cuantos hacen crítica literaria pertenecen a la categoría familiar de sus nietos.
En 1829 --con apenas veinticinco años-- Louis-Désiré Véron lo introduce en la Revue de Paris. En 1831, Buloz lo lleva a la Revue des Deux Mortales. El mismo Véron, inventor del folletín, lo incorpora a Le Constitutionnel en 1844 y luego lo pasa a L'Indépendant. En 1849 inicia la serie de las Causeries du Lundi, que hoy suman veintisiete volúmenes (idonde no figura Victor Hugo!). Suma y sigue: cinco volúmenes de Portraits contemporains (1869) y tres de Portraits littéraires (edición póstuma de 1908/1909). Toda ella es obra menuda y suelta, a la cual corresponde sumar los títulos orgánicos, novelas y poemarios. Desde luego, estamos ante un edificio difícil de recorrer, en el cual abundan los nombres protegidos por el olvido, prueba de una minucia infatigable y que hace a la historia de la crítica, aunque no siempre a la crítica. La antología se impone y hay varios de sus ensayos breves que se consiguen en las librerías.
La travesía de Sainte-Beuve tiene una fecha de arranque, el siglo XVIII, que él define: "Tenía la audacia en la frente, la indiscreción en los labios, la fe en la incredulidad, el desborde de los discursos, y de sus manos caían puñados de verdades y errores" (Diderot, junio de 1831). Podría esta fórmula servir de autorretrato y fijar su querencia en la claridad del razonamiento y la nitidez de la forma, propias de una mentalidad clásica. Estos anclajes le permitieron atravesar distintas corrientes de pensamiento. No las despiezó para volverse ecléctico. Más bien las consideró dialécticamente, de modo que podemos ver cómo se escuchan en él, cómo se las fuerza a dialogar.
Destutt de Tracy, Littré y Larousse, entre otros, habían fundado la ideología como ciencia natural de las ideas. Napoleón odiaba a los ideólogos, pero ellos tomaron el Colegio de Francia y la convirtieron en un vocablo del léxico napoleónico hasta alcanzar el sentido despectivo con...
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