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Bashevis Singer el fabulador (1904-1991): en estas páginas, Jonathan Rosen se adentra en la vasta literatura de un fabulista versado en la tragedia, de un escritor judío en guerra con una cultura judía que él conmemoraba, y de un maestro yiddish que se convirtió en uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX.

Publication: Letras Libres
Publication Date: 01-AUG-04
Format: Online - approximately 6343 words
Delivery: Immediate Online Access
Full Article Title: Bashevis Singer el fabulador (1904-1991): en estas páginas, Jonathan Rosen se adentra en la vasta literatura de un fabulista versado en la tragedia, de un escritor judío en guerra con una cultura judía que él conmemoraba, y de un maestro yiddish que se convirtió en uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX.(Isaac Bashevis Singer)(Ensayo crítico)

Article Excerpt
Isaac Bashevis Singer aún vivía cuando comencé a trabajar en el Forward en 1990, aunque ya no pasaba a la oficina para dejar los relatos, los artículos y las novelas en entregas que el periódico había publicado en yiddish por más de cincuenta años. Para ese entonces, él estaba muriendo en Florida, y su mente había sido borrada por el mal de Alzheimer. Pero aún era posible descubrir huellas de su presencia.

"Claro que conocí a Singer", me dijo un viejo tipógrafo contestando a mis ávidas preguntas. "¡Fue un pornógrafo!" Este cajista, un judío ortodoxo y sobreviviente de varios campos de concentración, agregó que a menudo él mismo se hacía cargo de recortar los pasajes más licenciosos de la prosa de Singer. Lo que es más, alardeaba, cuando el periódico se mudó del bajo lado Este a la Calle 33 Y Park Avenue, había reunido un manuscrito de Enemigos, una historia de amor y lo había tirado en un contenedor de basura.

Luego estaba la mujer que declaraba haber sido la amante de Singer --una entre muchas-- por mucho tiempo. Ella pregonaba un manuscrito revelador que prometía impactantes descubrimientos y que lamento profundamente no haber fotocopiado.

También estaban los yiddishistas, pequeños hombres con corbata y chalecos de lana que me explicaban que I. B. Singer no era ni la mitad de buen escritor que I. J. Singer --el hermano mayor de I. B., Israel Joshua--, quien murió en 1944. En su opinión, Bashevis --como se conocía a I. B. entre sus lectores yiddish-- no era realmente un escritor yiddish en absoluto, sólo un alcahuete anglófilo que, por medio de astucia y longevidad, había burlado a un grupo ignorante de lectores estadounidenses para hacerlos creer que sus relatos de shtetl (1) prefabricados eran auténticos. Durante años, la viuda de un reconocido escritor yiddish solía llamarme al Forward para decirme que Singer había robado el Premio Nobel de su esposo. Y todo este tiempo, como si quisiera fastidiar a sus críticos, Singer mismo seguía apareciéndose. En los años que siguieron a su muerte, en 1991, Farrar, Straus & Giroux publicó Escoria, Meshugah, El certificado y la monumental Sombras sobre el Hudson --más novelas de las que muchos escritores vivos publican en toda su carrera.

Singer habría celebrado su cumpleaños número cien este año, el 14 de julio. Y si bien habita esa inevitable zona gris que sigue a la muerte de un gran escritor, ya se las ha arreglado para realizar tantos milagros literarios que, para usar una metáfora herética, su canonización final parece asegurada. Para coincidir con el centenario, la Library of America publicará tres volúmenes con los cuentos de Singer, cada uno de casi mil páginas. Es la primera vez que la augusta serie incluye a un escritor de ficción cuya obra ha sido producida originalmente en una lengua distinta del inglés.

Singer fue un maestro de tantas facetas que es difícil pensar en él como un solo escritor --como corresponde a un artista que usaba múltiples seudónimos y cuyos alter ego de ficción tienen múltiples amantes y a veces múltiples esposas. Él fue un modernista consumado que perfeccionó el simple cuento tradicional y el cuento tradicional no tan simple. Escribió extensas sagas históricas, vehementes novelas personales de autodescubrimiento, y por lo menos una mordaz parábola política. Junto con las novelas y cientos de relatos, escribió muchos volúmenes de memorias fundidas artísticamente con la ficción. Al final de su vida, emprendió una carrera enormemente exitosa como autor de libros para niños, y desarrolló un estilo de entrevista que se convirtió en una suerte de stand-up comedy de proporciones cósmicas: "Por supuesto que creo en el libre albedrío. No tengo otra opción."

Singer fue un humorista versado en la tragedia, un cronista posterior al Holocausto que a menudo escribía como si el exterminio no hubiera tenido lugar, un escritor judío en guerra con la cultura judía que él conmemoraba y, lo más notable de todo, un maestro yiddish que se convirtió en uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX.

Singer nació en Leoncin, Polonia. Como el narrador de su novela Shosha, "fue criado en tres lenguas muertas --hebreo, arameo y yiddish". Claro que Singer estaba muy lejos de concebir estas lenguas como muertas, de la misma manera en que los polacos a su alrededor estaban lejos de ver el polaco como muerto o dudar de la existencia de su patria, a pesar de que Polonia había sido dividida a finales del siglo XVIII y ya no aparecía en los mapas.

El pueblo de Singer se hallaba bajo el mandato ruso, y su padre, un rabino, se negó a aprender la lengua rusa --consideraba que los libros en ese idioma eran impuros. Por ende, Pinchas Mendel era un rabino semilegal, lo que obstaculizaba seriamente su capacidad para sostener el hogar. Pinchas Mendel, un místico de honda piedad que a veces dejaba a la familia durante semanas para estudiar, bailar y rezar con su rebbe, (2) no tenía problemas con sus aprietos financieros y, como un Mr. Micawber jasídico, seguía asegurándole a la familia que algo se presentaría, tal vez incluso el Mesías. Al parecer, éste fue un motivo perenne de exasperación para la madre de Singer, Batsheva, cuyo padre fue a su vez un renombrado rabino --aunque él fue un racionalista y veía a Pinchas Mendel como un inútil schlemiel. (3)

El padre de Batsheva también fue un hombre de firmes convicciones religiosas que se despertaba todos los días a las tres de la mañana y escribía comentarios a la Torá hasta el amanecer. Bilgoray, la comunidad religiosa que dirigía no lejos de la frontera con Austria, tendría un profundo impacto sobre Singer. Sus visitas al remoto...

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