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Article Excerpt Enrique Krauze visitó al sociólogo norteamericano Daniel Bell, autor del clásico Las contradicciones culturales del capitalismo, para hablar de los retos del mundo en el siglo XXI y sus nuevos protagonistas. Este diálogo forma parte de Travesía liberal, libro que Editorial Tusquets publicará en noviembre.
Roger Shattuck ha llamado a Daniel Bell "nuestro Jeremías". Extraña denominación para un hombre con la fascinante trayectoria de Bell, que es acaso el sociólogo más respetado de nuestro tiempo. En las páginas de Vuelta, Bell apuntó que a todo intelectual de izquierda le llega tarde o temprano su Kronstadt, pero que, en su caso, "Kronstadt fue Kronstadt". No pudo serlo cronológicamente, porque Bell nació en 1919, un año antes de que los bolcheviques --comandados por Trotski-- reprimieran a los marineros de aquel puerto, en un acto que prefiguraba la larga sucesión de crímenes que distinguiría la historia del "socialismo real". Pero su Kronstadt lo fue, sin duda, en un sentido biográfico. Tras una temprana filiación a la Liga Socialista de los Jóvenes en su natal Nueva York (donde su madre trabajaba en una fábrica de ropa), Bell derivó al estudio académico de la sociología. En 1933, cuando la victoria electoral de Hitler impulsó a muchos de sus amigos a incorporarse al Partido Comunista, Bell visitó al gran teórico anarquista Rudolf Rocker, quien puso en sus manos el opúsculo La tragedia rusa y la rebelión de Kronstadt, de Alexander Berkman. Esa lectura fue suficiente para inocularlo contra el bolchevismo y convertido en un perpetuo menchevique: socialista en economía y conservador en cultura. En cuanto a la política, Bell asimiló desde 1947 la lección "del espantoso siglo XX" contenida en la grave profecía de Max Weber contra el apego irracional a la "ética de la convicción'; ese fanatismo --a un tiempo asesino y suicida-- que degradó a Georg Lukács y sacrificó a Ernst Toller, sus discípulos cercanos. El camino de Bell fue distinto: "La ética de la responsabilidad, la política de la civilidad, el miedo al ultra y al fanático y al hombre moral --que quiere sacrificar su moralidad en la decepción egoísta de la total desesperación-- son las máximas que han gobernado mi vida intelectual."
A partir de esa elección, luego de ser editor de revistas de izquierda, Bell examinó en 1952 los impedimentos culturales" del socialismo marxista en Estados Unidos. Pasó dos años decisivos en París (1956-1957), y alrededor del Congreso para la Libertad Cultural entabló relación con grandes figuras del pensamiento liberal como Raymond Aron, Melvin Lasky, Michael Polanyi, Ignazio Silone, Anthony Crossland, Czeslaw Milosz. Profesor emérito de ciencias sociales en Harvard, scholar in residence de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, Bell se volvería un adelanta do del conocimiento en infinidad de temas: la revolución tecnológica, el papel de las economías del sureste asiático, el retorno de lo sagrado, el Y si la sociología ha colindado alguna vez con la profecía (en d doble sentido de crítica social y clarividencia) es en obras como The End of Ideology, The Coming of Post Industrial Society, The Winding Passage y The Cultural Contradictions of Capitalism (uno de los cien libros más influyentes de nuestra era, según encuesta del Times de Londres).
A sus 83 años, Bell conserva el temple combativo y la vivacidad intelectual de su juventud, todo envuelto en las más suaves maneras del Cambridge estadounidense. Escribe, reescribe y publica como si fuera un eterno estudiante. La conversación tiene lugar en Baltimore, en la casa de su hijo David (gran experto en historia francesa de la universidad de Johns Hopkins). Yo habría querido revisar con él les grandes líneas de su obra, pero la inminencia de la guerra de Irak y la gravitación del II de septiembre "jalan" la conversación al presente y el futuro. "Hace mucho tiempo que empecé a temer a las masas en la política, y a aquellos que fustigan las pasiones de las muchedumbres 'en nombre del pueblo', como en otro tiempo se bacía en nombre de Dios", había escrito Bell en 1981. Ahora ese "otro tiempo" se ha vuelto "nuestro tiempo", y yo quería conocer de cerca la impresión de este moderno profeta de la sociología. "¿Jeremías yo?", me acota, con sorpresa. "Siempre be sentido que el optimismo es una filosofía y el pesimismo un rasgo de cardder; yo soy un pesimista." Quizá lo sea, pero su visión del siglo XXI no es enteramente sombría.
ENRIQUE KRAUZE: Todo el mundo habla del desafío del islam como el gran problema de nuestro tiempo y el peligro mayor del siglo XXI. ¿Es tan débil Occidente frente al islam radicalizado, violento y fundamentalista?
DANIEL BELL: Pienso que la relación con el islam se ha exagerado mucho. No creo que sea un problema real...
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