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Article Excerpt La tensión en Venezuela sólo se recrudece, tal vez porque el problema se ha querido ver en blanco y negro, como una pugna entre la izquierda y la derecha. Naomi Daremblum encuentra los matices y las aristas del proyecto mesiánico de Chávez, que en lugar de negar la democracia, la desborda.
I.
EL PASADO MES DE ABRIL UN DRAMÁTICO GOLPE DE ESTADO en Venezuela, que evocaba otras épocas más agitadas de América Latina, derrocó a Hugo Chávez. Una marcha de la oposición que se dirigía al Palacio Presidencial degeneró en una sangrienta refriega, con gas lacrimógeno, francotiradores y pistoleros disparando en una calle llena de gente. En todo el país (y en todo el mundo) se transmitieron las imágenes de esa terrible escena en la mitad de una pantalla dividida, a la vez que en la otra mitad, en cadena nacional, Chávez denunciaba un paro en curso y la marcha. Pero las imágenes televisadas no duraron mucho tiempo, Chávez ordenó la interrupción de la señal de las estaciones privadas de televisión, acusándolas de incitación, y prosiguió su discurso sin mencionar la violencia. Estas imágenes tuvieron enormes consecuencias. Esa misma noche, como respuesta a la violencia, el comando superior del Ejército pidió la renuncia de Chávez y a la mañana siguiente Venezuela amaneció con un nuevo presidente, un obtuso dirigente empresarial llamado Pedro Carmona.
Los acontecimientos sucesivos fueron todavía más evocadores. Después de proclamarse presidente, Carmona disolvió la Asamblea Nacional, destituyó a la judicatura y suspendió la Constitución. Entonces la televisión mostró imágenes de la detención de integrantes del gabinete de Chávez y del congreso disuelto, a la vez que otros simpatizantes de Chávez eran expulsados de sus casas por una turba que se había atribuido funciones policiacas.
Sin embargo, los acontecimientos dieron un giro imprevisto debido a un error de cálculo, demostrando que la región vive hoy, en efecto, otra época. Casi de inmediato, los gobiernos latinoamericanos manifestaron preocupación cuando Carmona derogaba la Constitución. Parecía confirmar este temor la información filtrada de que Chávez no había renunciado, sino que había sido depuesto. Esa misma tarde, miles de simpatizantes de Chávez se echaron a la calle y marcharon al Palacio de Miraflores clamando por el regreso del presidente derrocado. Con la ayuda de militares leales a Chávez, los ciudadanos que lo eligieron lograron lo que muchos consideraban imposible, ya que a la mañana siguiente Chávez volvió a ser el presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Y se declaró el triunfo contra las fuerzas retrógadas del autoritarismo oligárquico.
Está por verse si se trató de una victoria de la democracia. En los meses inmediatos al golpe fallido, permeó en Venezuela una tensa calma. Un Chávez contrito y una oposición aturdida llamaron a la reconciliación y se declararon dispuestos a entablar el diálogo nacional, pero sus buenas intenciones duraron poco tiempo. Tras una visita realizada el verano pasado por representantes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter, se pactó instalar una mesa de negociaciones patrocinada por estas organizaciones.
A fines de octubre, fecha fijada para el inicio de las negociaciones, se había agudizado la sensación de crisis política. La Coordinadora Democrática, asociación representante de la oposición, había organizado un paro de un día para el 22 de octubre. Al día siguiente, once oficiales del ejército se declararon en desobediencia cívica y convocaron a los demás oficiales y a los ciudadanos a seguirlos, con lo que dejaron al país en un limbo político durante seis horas, hasta que el Mando Superior del Ejército declaró su apoyo a Chávez y se evitó así otro golpe de Estado. La incapacidad de la Coordinadora de tomar distancia de los militares rebeldes, muchos de los cuales habían participado en el golpe de abril, fue objeto de muchas críticas, al tiempo que perdía credibilidad su capacidad de negociar con el gobierno o de promover un referendo para decidir sobre la permanencia o renuncia de Chávez al poder, dado que estaba incitando al ejército a desacatar el estado...
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