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Article Excerpt A don Alonso Zamora Vicente y a
Domingo Ynduráin, académicos de la parte de Valle-Inclán.
"¡Ir a la Academia, convertirse en limpiadores, fijadores y lustradores del idioma los que, conociéndolo, vamos deliberadamente contra sus cánones y sus leyes! ... ¡Absurdo!" (Victorino Tamayo, cito por Dougherty, Un Valle-Inclán olvidado 270). Estas son algunas de las últimas palabras que manifestó don Ramón del Valle-Inclán acerca de la Real Academia Española. Y, acaso como ningunas otras, definen y resumen la historia de sus relaciones con la magna institución. Fueron, en efecto, unas relaciones "absurdas" en tanto que nunca pudo haber entendimiento mutuo; ni Valle-Inclán quiso comprender a la Academia, ni ésta jamás estuvo dispuesta a aceptar a tan gran escritor al margen de sus rarezas, de su libertad de expresión y de opinión.
Las relaciones de don Ramón con la Real Academia Española son tan tópicas en sus conclusiones como desconocidas en sus documentos. Es decir, está sentenciado y admitido comúnmente por la crítica que entre los mayores enemigos de los que gozó don Ramón en su vida se encuentra la ilustre casa. Pero rara vez alguien se aproximó al conocimiento real y documentado. Un claro ejemplo de ello es que desconocemos si formalmente, en alguna ocasión, don Ramón del Valle-Inclán llegó a ser candidato a un sillón. Proposiciones y campañas periodísticas en este sentido sí que hubo, pero ignoramos si se formalizaron. Siempre tenemos la impresión de que el altivo gallego no admitía ser introducido en tales campos de batalla, pero no desconocemos que Valle-Inclán rara vez desdeñaba un honor, aunque careciese de la perseverancia para asumirlo con continuidad. Así, aceptó ser catedrático de Estética en la Escuela de Bellas Artes, Conservador del Patrimonio Artístico Nacional y director del Museo de Aranjuez, Presidente del Ateneo, Director de la Academia de Bellas Artes de Roma... Un biógrafo de Valle-Inclán, Robert Lima, sugiere que en 1919 fue candidato al sillón que conseguiría el enemigo declarado de don Ramón Julio Casares, (2) pero no hay constancia documental aún ni de esta candidatura ni de otra alguna. Sólo un hecho de la vida de nuestro autor relacionado con la Real Academia está analizado y firmemente documentado. Este es el que desveló el gran valleinclanista y académico don Alonso Zamora Vicente (455-475) acerca de la relación de Valle-Inclán con la Fundación académica San Gaspar, aunque no tenga ninguna implicación en sus enfrentamientos con la institución. Se trata de un caso muy temprano de los contactos entre la Academia y don Ramón. En realidad sólo sabíamos de la consideración que la Academia tenía para Valle en fechas tardfas. Para ser más concretos, todas las declaraciones o manifestaciones realizadas por el escritor gallego se concentraron en la última década de su vida, entre 1927 y 1934.
De la supuesta candidatura de Valle en 1919 no tenemos noticia directa ni indirecta alguna, aunque eso no quiere decir que no se verificase. (3) Lo cierto es que en torno al cambio de década, es decir, entre 1919 y 1921, aparece algún dato que nos manifiesta un cierto resquemor contra la Academia en el gran autor gallego. Por supuesto, el más alto ejemplo es la cruel y atroz caricatura que de los eruditos--y en este caso debe entenderse "académicos"--realizó en la Jornada segunda de su Farsa de la enamorada del rey, de 1920:
DON FACUNDO ... Me presento a un sillón de la Academia. DON BARTOLO ¡Queréis ser inmortal en su retorta! ¡Me parece muy bien! ¡Feliz el día En que pueda abrazaros, compañero! DON FACUNDO ¿Vuestro voto? DON BARTOLO Con él no decidía La elección. Otra vez dároslo espero. Se contraponen méritos muy grandes. ¡Don Santos Santos! ¡Santos de las Heras, Que publicó los títulos de Flandes Dados por los servicios en banderas! ¡Y el Centón Erudito que comenta Cuantas veces con letras del Quijote Puede leerse la palabra VENTA! ¡El resto de su obra no es cascote! Tres chascarrillos de la Capillada Contados por el lego Tirabeque. Y aquel trueque sutil de la charada Coral y Alcor. ¡Mirad que es lindo trueque! DON FACUNDO Pues mentáis el Quijote en su alabanza, Sabed que en esa octava maravilla Los regüeldos conté de Sancho Panza, Y los saqué a la luz con bastardilla. ¿Quién dio las nuevas etimologías De Cadáver, de Antruejo, de Cicuta Y al Carbo Data Vermis, ironías Primero tributó. DON BARTOLO ¡Vos sin disputa! No niego vuestros méritos. Esperas Debéis tener, amigo don Facundo. Don Santos Santos, Santos de las Heras, Si no fuese español pasmara al mundo. (62-64)
Esta caricatura no ha generado muchas palabras, acaso el elemento más "esperpéntico" de la Farsa italiana, y, aunque procuren buscarse segundas lecturas más simbólicas, su sentido recto es el más expreso: la diatriba indiscriminada contra todo tipo de elemento académico y erudito. Jorge Urrutia (89, nota 18) interpreta que Valle-Inclán lo que procura es mofarse de la Academia en general. En los personajes de Don Facundo y Don Bartolo, Urrutia pretende identificar a Francisco Rodríguez Marin y Julio Casares, candidatos más que factibles para sus sosias dramáticos, uno por famoso erudito cervantino y ya veterano académico, y el otro, el candidato, por pesquisidor y contador de "regüeldos," como hizo el reciente postulante a la Academia Casares, que en 1916 se había hecho famoso con su libro Crítica profana, donde contaba y sacaba a la luz todas las recurrencias, intertextualidades y reiteraciones que se podían encontrar en la obra valleinclaniana. (4) La erudición encastillada en las viejas normas, cerrada a cualquier tipo de innovación y conformando una especie de mafia del establishment o cotarro cultural, no era una preocupación reciente en don Ramón, sino una más que antigua y ya enquistada batalla que venía sosteniendo, junto con sus compañeros modernistas, desde su llegada a Madrid. La interpretación que ofrece Jesús Rubio Jiménez (33) podría ajustarse a estos términos: "desacredita la literatura puramente erudita y que sirve no obstante para medrar en la corte"; un claro ejemplo de ello es, precisamente, Julio Casares.
Dardos de este tipo los ofrece de vez en cuando Valle-Inclán. El mismo año del supuesto rechazo de la RAE a nuestro autor, 1919, lanza puyas antiacadémicas en el poema "¡Aleluya!" de La pipa de kif. Primero dedica dos leyes aguijonazos contra dos beneméritos académicos, Emilio Cotarelo y Julio Cejador:
Cotarelo la sien se rasca, Pensando si el diablo lo añasca. ... Y Cejador, como un baturro versallesco, me llama burro. (16)
para terminar representando, en unos de los más famosos versos de don Ramón, su eterno enfrentamiento con los antiguos académicos:
¿Acaso esta musa grotesca --Ya no digo funambulesca--, Que con sus gritos espasmódicos Irrita a los viejos retóricos, Y salta luciendo la pierna, No será la musa moderna? (20-21)
Este resquemor antiacadémico en Valle no se traduce en otras palabras del escritor, pero en alguna ocasión surge un comentario o una noticia que relaciona a don Ramón con la ilustre institución. Es, por ejemplo, el caso de un artículo firmado por Francisco M. de Olaguíbel en medio del fabuloso escándalo que suscitó la visita de Valle-Inclán a México en 1921. Dice lo siguiente:
¿Qué culpa tendrán los españoles...
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