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Article Excerpt La no muy numerosa crítica que se ocupó de los textos iniciales de Ramón María del Valle-Inclán insistió, de modo casi unánime, en los préstamos adquiridos con la literatura europea del momento, especialmente con la francesa. (1) Entre los primeros críticos de Valle-Inclán figuró uno de los escritores más importantes de la España decimonónica: Leopoldo Alas Clarín. Así se expresaba en un Palique respecto a las propiedades morales de Epitalamio, el segundo libro del escritor gallego:
Este mismo Epitalamio, que es inmoral, si los libros pueden ser inmorales; que desmoralizan ... al que desmoralice, porque a mí, francamente, no me ha inspirado ganas de hacer el cadete; (...) Llamar salmos a una colección de versos sucios es de mal gusto, y no es valentía, ahora que no se tuesta por eso. Si el señor Valle-Inclán hubiera publicado todas esas blasfemias y esos sacrilegios en tiempo de Felipe II ..., seguiría dando pruebas de mal gusto, pero hubiese sido un valiente (Ramos Gascón, Clarín, obra olvidada 128-29)
Al tiempo que revelaba las reminiscencias francesas del texto:
¿Quién es Valle-Inclán? Un modernista, gente nueva, un afrancesado franco y valiente, que no se esconde para hablar de los flancos de Venus (Ramos Gascón, Clarín, obra olvidada 128)
De modo que inmoralidad, gente nueva y afrancesamiento fueron los elementos indisociables con que se caracterizaron las iniciativas literarias de los jóvenes escritores de finales del siglo XIX. No es la primera vez, sin embargo, que las fuentes utilizadas por Valle, y su influencia a la hora de seleccionar géneros o temas, son motivo de estudio. Sin embargo -y es lo que justifica volver sobre este aspecto- hasta el momento los trabajos efectuados sobre los préstamos de Valle se centraron básicamente en una catalogación de los mismos, (2) pero, a mi juicio, no se ha ponderado debidamente su función tanto en la obra valleinclaniana, como en los textos literarios del primer modernismo. La intersección que se produce entre la literatura europea del momento y el discurso modernista, al margen de no estar agotada como tema de estudio, es, además, susceptible de ser analizada desde otros enfoques teóricos que proporcionen una mayor rentabilidad, a la hora de efectuar una evaluación de dicho discurso.
Es preciso, para ello, tener en cuenta que la inclusión del concepto modernismo, como expresión de la modernidad cultural que se abría paso en los inicios del XX dentro del campo literario español, más allá de las controversias y disputas que originó en el momento de su irrupción, es todavía motivo de discusión crítica acerca de su definición y de su alcance para denominar un período determinado de las letras hispánicas. Por ello, pese a los muchos avances logrados al respecto, todavía algunas de las interrogantes que generó en el momento de su aparición carecen de una respuesta definitiva. Veamos, sino, la vigencia de las preguntas que a este propósito lanzaba Enrique Gómez Carrillo desde las páginas del Madrid Cómico, el 17 de febrero de 1900:
1. ¿Qué es el modernismo actual en la literatura y arte?
2. ¿Existe hoy en España una corriente intelectual y estética nueva, comparable a las corrientes modernistas (simbolistas, prerrafaelistas, decadentistas, impresionistas), que en el transcurso de estos diez años han modificado el gusto y la moda en Inglaterra, Alemania, Bélgica y Francia.
3. ¿Cuáles son los representantes del modernismo? ¿Quiénes son sus enemigos más terribles?
4. La lengua española ¿ganará o perderá con las modificaciones que en ella introduce el modernismo?
5. La nueva generación ¿es superior o inferior a la generación de nuestros padres, los hombres que, como Pereda, son hoy ilustres ancianos? (Cardwell y McGuirk 3)
Las preguntas de Gómez Carrillo centran la cuestión modernista en su carácter innovador y europeo y en la confrontación generacional. Si se ha decidido fijar el objetivo de este trabajo en las lecturas y préstamos de uno de los modernistas más significados, Ramón María del Valle-Inclán, es por considerar que el empleo que el escritor gallego hace de los mismos resulta muy útil para explicar los dos ejes que, según el periodista y escritor guatemalteco, vertebraban los cambios culturales de 1900.
Cabe advertir, sin embargo, que esta aproximación implica superar la visión historiográfica del asunto. Es decir, la superación de la descripción de los acontecimientos literarios, debidamente contextualizados, como una sucesión de hechos consumados que marcaban la inexorable transición de unas generaciones a otras, con la consiguiente mudanza de modelos estéticos, asumidos de forma más o menos inconsciente. Por lo tanto, más eficaz para lograr una explicación global de las alteraciones que supuso la llegada de la modernidad, resulta la adopción de los enfoques teóricos que "consideran o feito literario coma un conxunto complexo, coma un polisistema en termos de Even-Zohar ou un sistema en termos de J. Lambert" (Figueroa 400).
Por ello, la teoría de los polisistemas de Even-Zohar se revela muy útil para analizar los elementos que intervinieron en este tiempo de entre siglos y evaluar las tensiones que se generaron dentro del sistema literario español. No es la primera vez, sin embargo, que el concepto de sistema literario se utiliza como base de análisis para la obra de Valle-Inclán. Iglesias Santos (Canonización y público ...) y Dougherty, por ejemplo, examinan, respectivamente, el teatro de Valle y la novela Tirano Banderas, a partir de los trabajos de Even-Zohar.
Así, si se ha decidido situar estas digresiones en el marco de una concepción sistémica de la literatura es porque las disputas de la nueva generación, que se dio a conocer a inicios del XX bajo la palabra modernismo, trascendieron la mera discusión de la transición de unos motivos literarios a otros. Pues todo ello no fue sino la forma de explicitar una lucha más soterrada: la pugna entre dos generaciones por ocupar el centro de la vida cultural española. (3) Y en este sentido son relevantes las palabras de Machado en 1914 para describir el carácter general y pendular de estas "guerras literarias", pues apunta acertadamente a la tensión que se produce entre el centro y la periferia del sistema literario. Con el significativo título de La guerra literaria (1898-1914) definía un período cuya conciencia de lucha generacional estuvo en todo momento presente, y que coincidía con la marginación que los textos modernistas sufrieron:
In literature certain properties become canonized, while other remain non-canonized. In such a view, by "canonized" one means those literary norms and works (i.e., both models and texts) which are accepted as legitimate by the dominant circles within a culture and whose conspicuous products are preserved by the community to become part of its historical heritage. On the other hand, "non-canonized" means those norms and texts which are rejected by these circles as illegitimate and whose products are often forgotten in the long run by the community (unless they change their status). (...) Asa rule, the center of the whole polysystem is identical with the most prestigious canonized repertoire. Thus, it is the group which governs the polysystem that ultimately determines the canonicity of a certain repertoire. (Even-Zohar 15-17)
Sirvan estas palabras para enmarcar el olvido y la postración que el primer modernismo sufrió por la ortodoxia cultural de finales del ochocientos. Colocaba don Manuel Machado, pese a este inicial olvido, en la semántica de la palabra modernismo todo impulso renovador y toda pujanza que los subsistemas literarios ejercen para canonizarse y situarse en el centro del sistema. No en vano, los orígenes del vocablo apuntaban al afán por lo...
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