|
Article Excerpt La riqueza temática y originalidad estética de la obra del autor gallego brota no sólo de su perspectiva particular en torno a la vida y el arte--y sobre todo de la forma de acoplar el uno al otro--sino del vertiginoso ritmo de inagotable cambio y evolución que sus obras representan. Si bien es cierto que durante su vida Valle-Inclán presenció un mundo de transformaciones profundas--reflejadas en su literatura mediante un dinámico proceso de renovación perpetua, en una labor de trascenderse y recrearse simultáneamente--también debe señalarse que, bajo esta realidad de cambio, se halla a lo largo de toda su obra una perenne y paradójica búsqueda de lo estático, lo absoluto y lo inmutable. En la coexistencia de estas dos direcciones, en aparente contraste y oposición, reside tanto la genialidad como el enigma de la obra valleinclaniana, constituyendo esta dualidad la base de la caracterización psicológica de los personajes, de la temática ideológica de su literatura y de la constitución estética de sus obras.
La aproximación valleinclaniana a la mujer, así como al tema del género y las relaciones entre los sexos, manifiesta esta doble vertiente de transformación y estatismo que ha dificultado de manera significativa la elucidación de la función del sexo-género en sus obras. Por una parte, el tratamiento literario de los personajes femeninos (y de sus interacciones con los masculinos) sufre cambios destacables a lo largo de la trayectoria literaria del autor, como los sufren también otros elementos textuales (tipos de personajes prevalentes, clases sociales representadas, enfoques temáticos, etc). Por otro lado, la configuración literaria del género se halla supeditada a una serie de principios estéticos, filosóficos y morales que condicionan y moldean las perspectivas textuales en torno a las diferentes categorías mencionadas. La compaginación o fusión de estos elementos concretos y mudables en la obra de Valle-Inclán con ciertos ideales o principios abstractos de naturaleza inmutable constituye uno de los rasgos más distintivos de su literatura, pero también el mayor obstáculo a la hora de llegar a conclusiones definitivas sobre la actitud y opinión del autor en torno a las realidades sociales, políticas o genérico-sexuales que se exploran en su literatura. Partiendo de esta dualidad estética y filosófica, me propongo examinar en este estudio la evolución que sufre la categoría del género en su literatura, así como la aproximación textual a la mujer presente en ciertas obras representativas de la trayectoria literaria del autor.
La discusión del género en la obra de Valle-Inclán debe encuadrarse, por lo menos en un principio, dentro del contexto de la percepción del autor en torno a la sociedad de su tiempo, su visión política e histórica, así como las técnicas y formas autoriales de trasplantar esa percepción al texto. La naturaleza de la cosmovisión de Valle-Inclán--y las implicaciones ideológicas de la misma--constituye uno de los temas más debatidos y controvertidos dentro de los estudios dedicados a su vida y obra. Mercedes Tasende ha señalado las perspectivas complejas y a veces encontradas que han barajado diversos críticos y estudiosos de la obra de Valle-Inclán, desde José Ortega y Gasset--cuyo artículo de 1904 en torno a la Sonata de estío sentó las bases para una visión de Valle como esteticista puro despreocupado de toda consideración social, política o humana--hasta nuestros días. (1) Tasende identifica dos escuelas de pensamiento con diferencias marcadas que interpretan la cosmovisión valleinclaniana desde puntos de vista fundamentalmente irreconciliables (147-62). La primera escuela de pensamiento (constituida por Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Enrique Anderson-Imbert y Eugenio de Nota, entre otros) pone de relieve el afán esteticista de Valle-Inclán, enfatizando su enfoque en lo artístico, en detrimento de lo humano y de la preocupación política y social. La segunda escuela de pensamiento, que se identifica primordialmente con la labor de diversos valleinclanistas a partir de la década de los sesenta (entre los que se incluyen a José Antonio Maravall, Margarita Santos Zas y Antonio Vilanova) centra su enfoque en el elemento social y satírico de la obra de Valle-Inclán, descartando por lo general la percepción del autor como un esteticista puro, y resaltando, además, "la coherencia de toda la producción valleinclaniana" (Tasende 161), sin una división tajante en su cosmovisión entre su primera época y la época posterior de los esperpentos. La reconciliación del Valle-Inclán esteticista con el Valle-Inclán comprometido no resulta fácil, desde luego, ni tampoco la compaginación de la defensa del carlismo y de las fuerzas tradicionales a ultranza del Valle-Inclán más joven con el radicalismo de izquierdas de los últimos años de la vida del autor gallego. Las escisiones y separaciones políticas e ideológicas que marcan las diferentes fases de la vida del autor por fuerza dejan huella en su producción literaria, pero, como ha señalado Santos Zas en su estudio sobre la obra y el pensamiento político del autor gallego, (2) las dos posturas ideológicas de Valle responden más a una reacción y rebeldía frente a su entorno que a una defensa definitiva y definitoria de posturas políticas:
No creemos, pues, que se pueda hablar del paso de un arte gratuito a otro comprometido, ni siquiera de la adquisición progresiva de una conciencia cívica que lo aproxime a sus compañeros de generación. Por el contrario, esa actitud de "reacción" frente a su ámbito histórico y social, es una constante en el escritor que imprime a su obra una indiscutible unidad a lo largo del tiempo, ya sea desde posiciones ideológicas próximas al carlismo o alejadas de él. (12) (3)
La controvertida evolución política e ideológica de Valle-Inclán ha sido y continúa siendo de especial interés para los estudiosos de Valle-Inclán por los efectos y huellas que tales giros políticos hayan podido dejar en su producción literaria. Las preguntas planteadas en torno al impacto literario de las creencias políticas de Valle-Inclán constituyen interrogantes pertinentes también con respecto al tema del género. Cabría preguntarse, en efecto, si sus transformaciones ideológicas han influido o marcado de forma significativa sus aproximaciones al género a lo largo de su trayectoria literaria. Si se tiene en cuenta, además, que este dinamismo político de transformaciones radicales coexiste con un acercamiento al mundo y al arte anclado en preceptos absolutistas, quietistas e idealistas, como se verá a continuación, podremos formular ciertas premisas verosímiles en torno al impacto de la coexistencia de estos elementos paradójicos en la percepción y representación del género y la sexualidad en las obras del autor.
Considerando que tanto la afiliación temprana al carlismo como la tardía a la República o el anarquismo emanan de un mismo espíritu de protesta y enfrentamiento, y constituyen, en palabras de Santos Zas, "su modo de expresar la disconformidad que la España contemporánea le suscita" (11), parece pertinente entonces indagar en qué ideales o valores filosóficos se afinca tal actitud de reacción y rebeldía. Los cimientos conceptuales sobre los que se construye la obra y la cosmovisión valleinclaniana engloban tres elementos igualmente influyentes: el quietismo estético, el idealismo filosófico y la superioridad autorial. Todos ellos residen en la base de su actitud ante la vida y al arte, y moldean tanto su visión del mundo como las formas estéticas empleadas para trasplantar la realidad a la página literaria.
La doctrina poética del autor, recogida en La lámpara maravillosa (1916), obra que Gonzalo Sobejano ha definido como un "breviario de su pensamiento, válido para todo lo artísticamente realizado por él antes y después de escribirlo" (162), recoge un ideal artístico y humano de inmutabilidad que parece contradecir el dinamismo ideológico y creativo del autor. La filosofía artística de Valle, en efecto, gira en torno al concepto del quietismo, la búsqueda de la...
|