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Article Excerpt García Lorca y la condición social femenina española en la preguerra: una "tragedia contemporánea"
Las primeras décadas del pasado siglo fueron testigos de cambios fundamentales en la condición social de las españolas, sobre todo de aquéllas que pertenecían a las clases acomodadas. Son los años en los que ciertos sectores avanzados de la sociedad reclamaban la coeducación de niños y niñas e intentaban abrir la formación profesional y la Universidad a las mujeres, para incorporarlas a los trabajos más cualificados (Administración, Comunicaciones y Sector Servicios). Se pretendía así lograr su independencia económica y el acceso a nuevas vías de realización personal. Paralelamente, desde el movimiento sufragista se reclamaba su participación política plena, consagrada con el reconocimiento del derecho a voto que les otorgó la Constitución de 1931 y, por primera vez, fue puesto en práctica en las elecciones de 1933 (Fagoaga, Capel 1992 y 2003, Vilches-de Frutos 2008). Se trató, igualmente, de mejorar su situación legal en la familia, reconociendo a las mujeres nuevos derechos en relación con la administración de su patrimonio, la patria potestad de los hijos, la posibilidad del divorcio, etc.
La fuerte reacción que suscitaron estas transformaciones en el marco de un intenso debate político e intelectual por esos años revela la plena vigencia de unos férreos modelos de identidad de género. No en vano los rasgos "esenciales" que establecían el significado social de ser mujer o ser hombre en ese tiempo y en esa sociedad concreta se definían entonces de forma precisa y cerrada. (1) El modelo femenino imperante seguía siendo el tipo tradicional decimonónico, el "ángel del hogar" (Ciplijauskaité, Aldaraca, Blanco 2001), basado en tres pilares fundamentales: amor, matrimonio y maternidad. Estos pilares asentaban la pertenencia exclusiva de la mujer al ámbito familiar y doméstico, es decir, a la esfera privada, y justificaban su alejamiento tradicional de la esfera pública, considerada un mundo masculino y, por tanto, ajeno (Amorós, Camps). La ruptura de estos límites de actuación cuestionaba la "honra" de la mujer y la de los varones de su familia.
Aquella minoría de mujeres que habían tenido un acceso privilegiado a la cultura y se movían en medios muy activos y estimulantes o que pertenecían a asociaciones, sindicatos y partidos cobraron conciencia de los problemas que este modelo inflexible les originaba a ellas y a sus contemporáneas, causándoles una profunda insatisfacción. Varias llegaron incluso a articular una importante producción ensayística sobre la mujer que analizaba los problemas concretos de las españolas de las clases medias del momento y proponían alternativas de cambio para su urgente solución. Es el caso de creadoras e intelectuales como Carmen de Burgos (La mujer moderna y sus derechos), María de la O Lejárraga (La mujer española ante la República) o Margarita Nelken (La condición social de la mujer en España), continuando la línea de reflexión emprendida en las décadas finales del XIX por Concepción Arenal (La mujer del porvenir; La mujer de su casa) o Emilia Pardo Bazán ("La mujer española", "La aristocracia", "La clase media", "El pueblo"), entre las más destacadas (Bieder, Vollendorf, Blanco 2003, Johnson, Simón Palmer 2008). Su articulación en asociaciones y espacios femeninos promovió que las reivindicaciones a favor de la emancipación cobraran mayor protagonismo y visibilidad social a través de su inclusión creciente en el debate político y en la actualidad literaria y periodística (Mangini, Kirkpatrick, Nieva 1996 y 2006).
Sin embargo, ellas no estaban solas. Algunos de sus contemporáneos varones también mostraron su preocupación respecto de lo que se venía llamando entonces "el problema de la mujer" o "la cuestión femenina". Baste recordar los ensayos feministas firmados por la "razón social" 'Gregorio Martínez Sierra' (2) (Cartas a las mujeres de España, 1918; Feminismo, feminidad, españolismo, 1920; La mujer moderna, 1920, etc.) (Blanco 2003), o los publicados por José Francos Rodríguez (La mujer y la política españolas, 1920), así como la atención prestada a la producción de las escritoras y a los temas relacionados con la mujer por críticos como Luis Araquistáin (La batalla teatral, 1930), Cristóbal de Castro (Teatro de mujeres, 1934) o Enrique Díez Canedo (Artículos de crítica teatral. El teatro español de 1914 a 1936, 4 vols., 1968), muy especialmente. (3) En el terreno de la creación literaria cabe señalar el compromiso con la causa femenina de dos autores fundamentales del canon teatral español de preguerra, Alejandro Casona (Vilches 2004 y Nieva 2004) y Federico García Lorca (Vilches 2005), destacadamente. Este último autor ha sido objeto de numerosos estudios relacionados con el papel de las mujeres en su creación dramática, como tema central de la mayor parte de sus obras y como protagonistas e intérpretes (Walsh, Degoy).
No deja de sorprender la lucidez con la que García Lorca se acercó a la comprensión de la problemática de las españolas de su tiempo. Federico García Lorca plasma con eficaz rigor poético la situación de sus contemporáneas llevando a cabo en sus obras una revisión del funcionamiento social real de las claves de la identidad femenina en el período. En esta ocasión, me va a interesar profundizar en el tema de la maternidad, clave en la definición "esencial" de la identidad femenina en el período y central en la producción lorquiana, que aparece ligado a la imposibilidad, a la frustración del "instinto". Entre las protagonistas femeninas de sus obras más conocidas, aparecen un par de viudas (Mariana y Bernarda) que sí son madres. Las demás no pueden serio porque están solteras (Rosita; las cinco hijas de Bernarda; la doncella; la mecanógrafa de Así que pasen cinco años; Julieta en El Público ...), malcasadas (como Belisa) o han sido temporalmente abandonadas (como la Zapatera), sin adentrarnos en sus recreaciones del mundo fantástico (la muerte, las cucarachas, lunas, etc.) o en el análisis de los personajes femeninos de los diálogos lorquianos. Pero, sin duda, es Yerma la obra teatral que desarrolla con mayor amplitud y profundidad el tema materno, su interacción con la moral sexual dentro y fuera del matrimonio, y su esencial vinculación con la identidad social femenina en la España de preguerra.
Merece la pena interrogarse acerca de la razón de esta atención lorquiana hacia el mundo femenino. Se ha analizado con rigor el firme compromiso social y político del autor y su especial identificación con la causa de los desfavorecidos (Ayéndez, Fernández-Montesinos, Vilches 2002 y 2005). En este sentido es posible entender su atención a las mujeres e incluso aceptar el valor simbólico general que ellas pueden tener en relación con los oprimidos, los que sufren, los que viven aplastados por el poder establecido (Fernández Cifuentes 1986 y 1994). Todo esto es, sin duda, cierto y opera en su teatro de manera evidente. Existen, además, otras razones literarias y teatrales que justifican también este proyecto de denuncia, sistemático y global, que parece presidir la mayor parte de su obra dramática. Está claramente establecida la influencia de la tragedia griega en el teatro de García Lorea (González-del Valle, Feal 1986 y 1989, Rodríguez Adrados). El autor se sintió atraído por la capacidad de la tragedia para acceder a los aspectos esenciales de la condición humana, por la fuerza de las pasiones actuando en...
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